Una carta al viento

Estimado Don Jaime:

 

Analizando en estos días, todo lo hecho en estos dos años de trabajo en la escuela, y los últimos hechos en que he participado, es mi ánimo comentar lo siguiente.

Cuando tuve conocimiento de que la escuela se comenzaba a desarrollar. Me alegre mucho al saber que nacía una unidad escolar que basaba sus conceptos en Cristo y su Evangelio.

Le conocí a Ud., en el hospital y admire su actitud y su dedicación a la escuela.

Ofrecí mi ayuda en esa ocasión con desinterés y buen animo, ya que me sentí feliz de la existencia de una escuela cristiana que pudiera enseñar a personas que tienen pocas oportunidades de vivir en una comunidad cristiana.

A pesar, de que en un principio y quizás aun, no se me considere cristiano. Lo soy y es parte de mi sentir permanente.

Posteriormente, me ofreció ser parte de esta comunidad que se creaba, cuando el Director partió a España y acepte dejando el empleo que tenia en otra escuela de Osorno.

Ame la idea de una escuela con las características que el evangelio señala como camino para las personas. Un lugar donde aprender a ser persona, para poder encontrar a Cristo.

En ese lugar intente desarrollar un programa que considere las características individuales de cada uno de los alumnos y alumnas, sus fuertes contenidos emocionales que provocaban respuestas impulsivas que impresionaban.

Los últimos acontecimientos con un alumno son iguales que los primeros, al inicio de la escuela. Y marcan el inicio y el final.

Recuerdo nuestro primer encuentro en el cual Ud., quería Luís no volviera, y después de un tiempo tuvo un cambio en su personalidad que aun mantiene. Carlos es otro Luís, un niño con deseos de cambio. El provoco la misma reacción que el primero. Son el inicio y el término de una historia.

Ambos niños Dios los quiere, los necesita y los coloco en el camino suyo y el mió. Fracasamos ambos, al no ser capaces de controlar nuestros impulsos y olvidar el objetivo de todo, ellos dos, el primero y el ultimo.

Lo sucedido enfrento mi idea de la vida y la educación, mi propio sentido del deber. Mi necesidad de ser consecuente entre mis conceptos de vida y mí hacer diario. Mi sentido de lo cristiano y mi aprendizaje sobre Cristo.

La escuela y su ministerio es eso: enfrentar nuestro sentido de vida (lo que pensamos que son las personas) y dar a otros lo que mas cuesta, nuestros sentimientos y emociones. Lo que somos verdaderamente; no nuestra representación que nos permite ocultar nuestros propios sentimientos; nuestro dolor. Estar ante otros como somos, evitando hacer daño. Amándonos a nosotros mismos, por mas triste que sea el recuerdo. Estos niños requieren personas que hagan visible a Dios, en los cuales confiar.

Nuestro corazón estará inquieto y desosegado hasta entregarnos verdaderamente a El.

Debemos disculpas a las personas que esperábamos ayudar y dejamos de hacerlo.

Esta escuela, es un ministerio para las personas que están enfermas, no para las que están sanas y se desprende de solo leer el evangelio. Hay otras experiencias de escuelas evangélicas en Osorno, y solo una de ellas estaría permaneciendo en el tiempo y de todas maneras es selectiva. No existía ninguna que daba una opción a las personas con menos posibilidades de acercarse a Cristo, a los niños y niñas de ambientes agresivos, de padres perdidos. Los que tienen grandes dolores producto de sus experiencias infantiles

Tengo personalmente suficiente empatia para sentir y actuar ante el dolor infantil. No así, para poder recibir el dolor adulto y saber que hacer. Va más allá de mi propia capacidad y me abruma y me daña, sin poder evitarlo.

Las personas convertimos en nuestros enemigos a las personas que resisistimos, que queremos sean de alguna manera. Nuestro propio enemigo esta en nosotros mismos; nuestra historia y nuestra vida son nuestros verdaderos enemigos. Ello impide que podamos ser justos en nuestros propios pensamientos y acciones, encontrar a Dios. No se puede predicar a Dios a otros si nosotros no estamos convertidos a El.

Mi pregunta ante Ud., es intentar explicarme quien causo tanto daño en su propia vida, que expresa tanto ansiedad y enojo. Todo dolor debe ser declarado. Tengo una buena impresión de Ud., siempre y creo necesita ir a Cristo verdaderamente, confiando en el como no ha confiado en otros. Entregarse en el, tener certeza y conocimiento de el. Amar a otros como se ama a si mismo.

 

Deseándole bendiciones y mi oración por Ud y su familia

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