Los trastornos del comportamiento y sus cifras


En el mundo, entre el 10% y el 20% de los menores presentan uno o más problemas mentales o del comportamiento, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que además prevé para el año 2020 que los trastornos neuropsiquiátricos podrían elevarse en un 50% y convertirse en una de las cinco causas más comunes de morbilidad, mortalidad e incapacidad en menores.

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El Proyecto Esperi desarrolla la primera técnica de diagnóstico precoz de los trastornos del comportamiento en menores

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Permite identificar el grado de vulnerabilidad de los jóvenes, estableciendo una serie de indicadores de riesgoCerca de 700.000 adolescentes españoles sufren trastornos de la conducta, denominación que engloba toda una serie de comportamientos antisociales que en ocasiones desembocan en la delincuencia. Los afectados por este tipo de problema suponen entre el 8% y el 10% de los adolescentes. Lo peor de todo es que el 80% de los casos permanece sin diagnosticar. Según los promotores del Proyecto Esperi -patrocinado por
la Fundación Internacional O’Belen,
la Fundación Iberdrola y
la Fundación Accenture-, se conoce muy poco sobre este tipo de trastornos. No en vano, alrededor de dos millones de menores presentan los síntomas. Para Javier Tapia, de
la Fundación Accenture, los trastornos de la conducta pueden aumentar hasta un 14% o un 21%, ya que se trata de una dolencia muy extendida en los países industrializados.
Los impulsores del proyecto han desarrollado la primera técnica de diagnóstico precoz de los trastornos del comportamiento en menores. Se trata de un test, elaborado por un equipo de psicólogos, psiquiatras, sociólogos y psicopedagogos, que podría utilizarse de forma rutinaria en los colegios. A juicio de Mara Parellada, psiquiatra de
la Unidad de Adolescentes del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, este instrumento permite identificar el grado de vulnerabilidad de los jóvenes, estableciendo una serie de indicadores de riesgo.
De acuerdo con Parellada, los padres no deben sentirse culpables si sus hijos sufren este tipo de problema. “El entorno puede actuar como un factor de riesgo”, comentó. A su entender, el comportamiento antisocial de estas actitudes son “inmanejables” por los allegados al afectado. La nueva técnica se presentará el próximo noviembre durante el Congreso Internacional de Trastornos del Comportamiento, que se celebrará en Madrid, aunque ya se ha probado en un proyecto piloto con 1.206 menores de entre 12 y 17 años. Los resultados obtenidos se aproximan a las cifras de otros países desarrollados, pero no dejan de sorprender. Sólo 538 pudieron clasificarse como sujetos normales, a 440 se les detectaron trastornos del comportamiento leves, 49 severos y 179 moderados. Como trastornos de la conducta se estudiaron problemas de impulsividad, agresión a personas y animales, violaciones de las normas e incluso robos. En este estudio piloto también se encontraron diferencias entre centros públicos -con más conductas disociales- y privados, con mayores casos de impulsividad. Rabietas incontrolables Los trastornos de conducta se manifiestan, normalmente, en etapas muy tempranas del desarrollo y resultan especialmente disruptivos para la convivencia familiar. Suelen ser niños con rabietas frecuentes e incontrolables, conductas explosivas con agresividad que los padres no pueden controlar. Otras veces, el problema se detecta con el inicio de la guardería o en la etapa preescolar: en este contexto son frecuentes las peleas con los compañeros y el no cumplimiento de las normas de clase. Más adelante, lo habitual son las conductas de desobediencia, tanto en casa como en la escuela, los hurtos, la falsificación de las notas, las ausencias a la escuela y los enfrentamientos con los compañeros, así como la crueldad.

Una etapa especialmente difícil y con consecuencias, a veces desastrosas, es la adolescencia. Los afectados suelen presentar un repertorio de conductas bastante impremeditadas, con frecuentes agresiones físicas, mentiras, robos, consumo de drogas, amenazas y fugas del hogar. Suelen ser manipuladores e insensibles a las consecuencias y consejos.

Un test para atajar a tiempo trastornos de conducta

Natalia Sanmartin / MADRID (06-05-2005)

Es su hijo cruel con los animales? ¿Provoca peleas con otros niños? ¿Manipula para conseguir lo que quiere? ¿Ha hecho el vacío a alguien para hacerle daño? ¿Se enfada o pierde el control si las cosas no son como quiere? ¿Ha robado alguna vez? Los padres y educadores de los 700.000 niños y adolescentes (el 80% de ellos no diagnosticado) que padecen trastornos de conducta en España seguramente contestarán afirmativamente a más de una de estas cuestiones.Todas ellas forman parte de un cuestionario, presentado ayer en Madrid por las fundaciones Iberdrola y O’ Belén, cuyo objetivo es detectar este tipo de problemas en la población infantil y juvenil. El cuestionario, que está diseñado para ser contestado por los padres, los educadores y los propios menores, ha sido probado ya en 4.500 niños españoles de entre ocho y 17 años en el marco del Proyecto Esperi, una iniciativa de ambas fundaciones para investigar este problema.

Cualquier familia, explicaron sus responsables, puede acceder al test en la página web del proyecto (www.proyectoesperi.com) y enviarlo posteriormente para obtener un diagnóstico.

‘Se trata de un sencillo cuestionario que puede realizarse en horario escolar y que detecta los tres tipos de trastornos más destacados: oposicionista-desafiante, disocial y déficit de atención e hiperactividad’, señalaron ayer los responsables de la iniciativa en la presentación. Así, junto a los 700.000 menores que están afectados por estos trastornos en España, los especialistas calculan que hay 1,3 millones más ‘que son susceptibles de padecerlos’.

Además de constituir el primer motivo de consulta en los servicios infantiles y juveniles de salud mental, la presencia de estos problemas se asocia a la aparición de conductas conflictivas en el futuro: desde el fracaso escolar, hasta el consumo de drogas, el desarrollo de conductas antisociales y la delincuencia.

A los conflictos que estos menores generan en sus familias, se añade también un importante coste social. ‘Hemos hecho estudios con la Universidad de Texas que concluyen que mientras un delincuente cuesta al Estado a lo largo de su vida 2.400.000 euros, rehabilitar a un adolescente sólo requiere 24.000’, señaló Emilio Pinto, director del proyecto y presidente de la fundación O’Belén, tras explicar que han recibido 6.000 llamadas ‘de padres desesperados’ por estos problemas.

‘Tenemos alrededor de un 15% de chicos con trastornos de comportamiento en España’, explicó el psiquiatra Javier San Sebastián, del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. San Sebastián, quien recordó que los casos de acoso a menores en los colegios por parte de compañeros se encuadran en estos trastornos de conducta, afirmó que su aparición se debe tanto a razones biológicas como sociales.

Niños y jóvenes

Oposicionista-desafiante. Algunos expertos definen este trastorno como una conducta persistente durante al menos seis meses que incluye discusiones con adultos, rabietas y enfados, negativa a cumplir las normas o las órdenes de los adultos, mentiras, culpar a otros de malas conductas propias y resentimiento.

Déficit de atención e hiperactividad. Comprende un grupo de problemas relacionados con la falta de atención, el exceso de actividad y la impulsividad.

Disocial. Consiste en un patrón de comportamiento persistente en el que se violan los derechos básicos de los otros o las normas sociales. Es mucho más que la simple rebeldía, porque incluye actos como el uso de armas, robos, violaciones o crueldad contra personas y animales.

No son sólo los adultos los que se deprimen.

Los niños y los adolescentes pueden sufrir también de depresión, que es una enfermedad tratable. La depresión se define como una enfermedad cuando la condición depresiva persiste e interfiere con la habilidad de funcionar del niño o del adolescente.

Aproximadamente el 5 por ciento de los niños y adolescentes de la población general padece de depresión en algún momento. Los niños que viven con mucha tensión, que han experimentado una pérdida o que tienen desórdenes de la atención, del aprendizaje o de la conducta corren mayor riesgo de sufrir depresión. La depresión tiende a correr en las familias.

El comportamiento de los niños y adolescentes deprimidos es diferente al comportamiento de los adultos deprimidos. Los psiquiatras de niños y adolescentes le recomiendan a los padres que estén atentos a síntomas de depresión que puedan presentar sus niños.

Los padres deben de buscar ayuda si uno o más de los siguientes síntomas de depresión persisten:

Tristeza persistente, lloriqueo y llanto profuso
Desesperanza
Pérdida de interés en sus actividades favoritas; o inhabilidad para disfrutar de las actividades favoritas previas
Aburrimiento persistente y falta de energía
Aislamiento social, comunicación pobre
Baja autoestima y culpabilidad
Sensibilidad extrema hacia el rechazo y el fracaso
Aumento en la dificultad de relacionarse, coraje u hostilidad
Dificultad en sus relaciones
Quejas frecuentes de enfermedades físicas, tales como dolor de
Ausencias frecuentes de la escuela y deterioro en los estudios cabeza o de estómago
Concentración pobre
Cambios notables en los patrones de comer y de dormir
Hablar de o tratar de escaparse de la casa
Pensamientos o expresiones suicidas o comportamiento autodestructivo

El Niño Deprimido, AInformación para la Familia@ No. 4 (Revisado 9/98)

Un niño que jugaba a menudo con sus amigos empieza a pasarse la mayor parte del tiempo solo y pierde interés por todo. Las cosas de las que disfrutaba previamente ya no le dan placer al niño deprimido. Los niños y adolescentes deprimidos dicen a veces que quisieran estar muertos o pueden hablar del suicidio. Los adolescentes deprimidos pueden abusar del alcohol o de otras drogas tratando de sentirse mejor.

Los niños y adolescentes que se portan mal en la casa y en la escuela pueden estar sufriendo de depresión sin que nadie se dé cuenta de ello. Los padres y los maestros no se dan cuenta de que la mala conducta es un síntoma de depresión porque estos niños no siempre dan la impresión de estar tristes. Sin embargo, si se les pregunta directamente, los niños algunas veces admiten que están tristes o que son infelices.

El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión es esencial para los niños deprimidos. Esta es una enfermedad real que requiere ayuda profesional. Un tratamiento comprensivo a menudo incluye ambas terapias, individual y de familia. Puede también incluir el uso de medicamentos antidepresivos. Para ayudarles, los padres deben pedirle a su médico de familia que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien puede diagnosticar y tratar la depresión en niños y adolescentes.

Caracterizticas

La depresión infantil presenta características comunes a la del adulto, y tiene sus particularidades según la edad del niño. En la depresión aparece, de forma brusca, un cambio importante en el comportamiento del niño respecto a cómo era hasta ese momento. El niño puede mostrarse apático, sin interés por cosas que antes le gustaban, suele estar triste sin causas aparentes, o con ansiedad y agitación, muy irritable, fatigado y con el sueño agitado. También pueden aparecer dificultades para concentrarse que alteran su rendimiento escolar o cambios en los hábitos alimenticios. En la adolescencia la depresión aparece frecuentemente en forma de conducta antisocial agresividad, negativismo, malhumor, irritabilidad, etc… Estos son algunos de los síntomas más característicos, si los observa en su hijo, no deje de consultar a un especialista de la psicología, recuerde que tiene tratamiento y que la calidad de vida de su hijo y de toda la familia se puede ver favorecida con un tratamiento psicológico adecuado

Abuso infantil lleva a depresión en la madurez

Los niños que sufren abusos o no son bien cuidados son más vulnerables a padecer depresiones graves cuando sean adultos, según alertó un estudio divulgado ayer.

La probabilidad de que un menor sufra una depresión cuando crezca aumenta un 59 por ciento si ese niño se ha visto sujeto a abusos físicos, mientras que ese porcentaje llega al 75 por ciento para menores que pasan por varios tipos de maltrato.

Los autores del estudio llegaron a estos resultados tras comparar a 676 niños que sufrieron abusos o fueron mal atendidos antes de los once años con un grupo de 520 menores que fueron bien tratados.

Los científicos verificaron su desarrollo hasta la edad de 29 años.

Nacimiento de la depresion

El hecho de estar leyendo esto es señal de que se interesa en el tema. Muchas personas imaginan que si se hubieran esforzado mas habrian podido obtener el amor, la aceptacion o la aprobacion de sus hijos. Entonces, cuando las cosas van mal en una familia, como suele suceder de vez en cuando, tanto padres como hijos descubren que no son perfectos y que pueden gritarselo mutuamente, de modo que todos acaban siendo infelices.

Cuando las necesidades que tenemos las personas no se satisfacen, se incrementan las respuestas de tension. Muchas de estas tensiones son provocadas por los padres y adultos significativos para un niño.

Nosotros los padres creemos que uno de nuestros deberes es enseñar a nuestros hijos a obedecer. Este adistramiento puede ser brutal y destruir el sentido del yo en el niño. Puede ser amoroso e incrementar el sentido de estimacion propia del niño/a.  Co demasiada frecuencia interpretan su deber como la necesidad de criar hijos e hijas obedientes y sumisos; en otras palabras, niños “buenos” que no replicaran, no pensaran con independencia ni se rebelaran contra sus mandatos.