Desórdenes del estado de ánimo

Dr. Jean-Claude Dijon-Vasseur Mayo 2005

Introducción

Los  se encuentran entre los trastornos más frecuentes observados, tanto en la práctica psiquiátrica como en el ejercicio cotidiano del médico general. Las variaciones del estado de ánimo, patológicos en calidad y en intensidad, pueden ser desde la depresión profunda hasta la ilación maníaca, la distimia depresiva siendo mucho más frecuente que el estado anímico expansivo y eufórico de la manía. (anexo 1)

Entre los desórdenes de los estados de ánimo, la psicosis maníaco-depresiva es la única entidad bien individualizada; ella no es la más frecuente, representando más o menos 20% de los enfermos hospitalizados por trastornos tímicos. Aquí el trastorno del estado de ánimo es primario, fundamental, endógeno; todos los otros trastornos observados durante las crisis dentro de los dominios de la actividad psíquica, del comportamiento, de las funciones biológicas, son en correlación con la perturbación tímica y desaparecen con ella. Los trastornos del estado de ánimo de origen psicógeno, extremadamente frecuentes, son únicamente del registro depresivo: elaboración depresiva de una neurosis, descompensación depresiva de una personalidad subnormal o patológica debido a un traumatismo afectivo mayor. La distimia se liga en esos casos, de una manera relativamente comprensible, a la historia personal del sujeto o a su problemática neurótica.

El trastorno de ánimo puede ser también sintomático de una afección psíquica caracterizada (esquizofrenia) o de un ataque cerebral orgánico (epilepsia, tumor cerebral, estado predemencial). El afecto depresivo es en este caso más frecuente que la excitación eufórica.

Se ha asistido en el transcurso de los últimos decenios a un fuerte incremento de la demanda de cuidados por depresión. Este fenómeno tiene una mejor relación con una detección médica y con una mejor información al público sobre las posibilidades terapéuticas actuales. ¿Es por otro lado un real incremento de frecuencia de la depresión, ligada a unos modos de vida patógenos? Ningún argumento permite resolverlo de manera decisiva. Es necesario tomar en cuenta el incremento de la longevidad, el riesgo de depresión siendo particularmente elevado en las personas de edad avanzada. Las encuestas epidemiológicas evalúan a 10% el riesgo de morbidad depresiva ( life time expectancy ) en la población en general, con una prevalecencia en un momento dado del orden de 2 a 3%. Alrededor de un depresivo sobre 5 es tratado por un médico, un deprimido sobre 50 es hospitalizado.

I. La Psicosis Maníaco-Depresiva

Ésta se caracteriza por la sobrevenida de perturbaciones cíclicas del estado de ánimo bajo formas de fases maníacas o de fases melancólicas, el enfermo reencuentra su estado normal en los intervalos de las diferentes fases.

Histórico

La manía y la melancolía fueron identificadas desde la antigüedad, pero los lazos estrechos que las unifican en una misma enfermedad fueron reconocidos solamente en la segunda mitad del siglo XIX. Baillarger (1854) la describe como la locura de doble forma, Falret (1854) como la locura circular, los autores alemanes estudian los trastornos periódicos del estado de ánimo. En 1889, Kraepelin unifica las psicosis tímicas descritas por sus predecesores locuras alternas, intermitentes, circulares, de doble forma, en una enfermedad única, la locura maníaco-depresiva a la cual le asigna una predisposición (constitucional, hereditaria) y reconoce un pronóstico favorable a pesar de la tendencia al regreso de las fases.

La unidad de las psicosis maníaca-depresiva fue admitida durante largo tiempo. Sin embargo, unos estudios clínicos y genéticos, mostrando la existencia de subgrupos a transmisión y a evolución diferentes, llevan a Léonhard (1959) seguido de Angst y Perris a proponer un primer recorte sobre la base de la polaridad: 1) psicosis bipolar, caracterizada por el surgimiento de crisis maníacas y de crisis melancólicas en el mismo sujeto; 2) psicosis unipolar, caracterizada por el surgimiento de crisis de un solo tipo, la melancolía recurrente. La existencia de sus variedades en el interior de esos dos grupos, bipolar y unipolar, está sugerido por las investigaciones de Winokur y Mendlewicz.

Estudio genético

•  El riesgo de morbilidad para la enfermedad maníaco–depresiva varia según las encuestas en la población en general entre 0.6 y 1.6% (exposición al riesgo 15-65 años). En las familias de maníaco-depresivos el riesgo es muy elevado, 15 a 25%, para los colaterales y los parientes del primer grado. La concordancia en los gemelos es del orden de 20% para los pares heterocigotos y de 60 a 70% para los pares homocigotos. La esquizofrenia y la oligofrenia no tienen asociación genética con la enfermedad maníaco-depresiva. En cambio la frecuencia del alcoholismo masculino, en la línea de los deprimidos endógenas, está señalada en varios estudios. (anexo 10)

•  En las familias de pacientes bipolares, el riesgo de trastornos tímicos de tipo bipolar o de tipo unipolar depresivo es particularmente elevado y se reparte más o menos igualmente entre los dos sexos. En las familias de unipolares depresivos, el riesgo es menor (10 a 15%), casi siempre similar, las formas bipolares son poco frecuentes; las mujeres son a menudo más aquejadas que los hombres. En la melancolía de aparición tardía, el riesgo hereditario es bastante reducido.

•  La herencia unilateral es mucho más frecuente que la herencia de dos líneas parentelas. Se ha señalado en algunos árboles genealógicos un linkage entre la enfermedad maníaco-depresiva y algunos marcadores genéticos llevados por el cromosoma X [ceguera para los colores, grupo sanguíneo Xg (a+]. El modo de transmisión sigue siendo controvertido, lo que traduce quizás la heterogenia de la enfermedad en donde algunos subgrupos tendrían un determinismo genético diferente.

La Fase Maníaca

La manía aguda es un estado de excitación caracterizado por:

•  una exaltación del estado de ánimo con tonalidad eufórica;

•  una aceleración de los procesos psíquicos con fuga de ideas;

•  una hiperactividad desordenada;

•  una perturbación de algunas funciones biológicas, el sueño en particular.

Formas de inicio

En la mitad de los casos, la fase maníaca aparece después de una fase depresiva; con una fase melancólica verdadera; espontáneamente o en el transcurso del tratamiento se observa un viraje del estado de ánimo a menudo rápido; con un estado subdepresivo durante algunas semanas o algunos meses; poco a poco se instala una subexcitación con una irritabilidad y exaltación afectiva.

Cuando la fase maníaca se instala de manera radical, el inicio es brutal o progresivo; el sujeto se siente invadido por un sentimiento de euforia y de felicidad, tiene una necesidad imperiosa de hablar, de intervenir en todo momento. En poco tiempo la agitación crece, las noches disminuyen y desde el alba comienzan las actividades cada día más desorganizadas. Los mismos trastornos de comportamiento inauguran cada fase, advirtiendo el entorno de la recaída: gastos exagerados, extravagancias en el vestir, intensa actividad epistolar, modos intempestivos. La irritabilidad y la efusión de impulsión (desinhibición sexual, fases etílicas) junta con la excitación demuestran los frecuentes incidentes: escándalo nocturno, atentado en contra del pudor, escándalo sobre la vía publica. La hospitalización en un medio especializado, siempre necesaria, es a menudo difícil llevarla a cabo, el paciente desconoce la necesidad de cuidado a pesar de tener una conciencia parcial del carácter patológico de su estado.

Cuadro sintomatológico

1. Presentación

Los síntomas se exteriorizan espontáneamente en ese paciente voluble y jovial cuya excitación es evidente. Su rostro es animado, los ojos brillantes, la fisonomía excesiva, hipermímica. Causa sorpresa por el desorden en su recámara, por su figura desaliñada y llamativa. Su acogida es ruidosa, con una excesiva familiaridad. El verbo es arrogante, su actitud muy suelta, es gracioso o recrimina, mezclando sus palabras de advertencias cáusticas o de digresiones ociosas. De contacto fácil aunque superficial, el maníaco es sintonizo, agarrado del ambiente. En el transcurso de la entrevista le es imposible quedarse quieto, caminando en la habitación, haciendo garabatos o desplazando objetos. Si la entrevista se prolonga, el tono sube, la excitación crece, el desorden del pensamiento se vuelve más evidente.

2. Trastornos del estado de ánimo y de la vida instintiva

•  La excitación eufórica del estado de ánimo es el elemento primordial de la fase maníaca. Todas las sensaciones son probadas con una acuidad y un placer inhabituales; el enfermo tiene la impresión de vivir intensamente, sintiéndose ligero, incansable, en lo mejor de su apariencia. Siente por los seres y las cosas una impresión permanente de familiaridad; nada lo intimida. El mundo exterior le es fuente de placeres inagotables; los sonidos, los perfumes son percibidos con encanto. Construye proyectos grandiosos, se cree capaz de emprender y lograr todo. La objeciones son apartadas de un gesto, las dificultades y las molestias son abolidas.

•  La versatilidad del estado de ánimo es igual de sorprendente que su exaltación. Tanto el humor melancólico es fijo, uniformemente depresivo y doloroso, tanto el humor maníaco es cambiante; es cierto que el optimismo domina largamente, pero la crisis no es vivida en la felicidad sin nubes y con arrebatos cortos de angustia y de enojo, alternando con momentos de ilación y de encanto. Impaciente, electrizado, el maníaco se irrita con la menor contrariedad y sin causa exterior puede pasar en un instante de la risa a las lágrimas, de la despreocupación al desaliento pasajero, de la generosidad a la agresividad malintencionada.

•  El desborde instintivo con relajamiento de las censuras morales y sociales, la gula, la excitación erótica, testimonian de esta búsqueda frenética del placer que hace comparar el arrebato maníaco a una fiesta orgiaca, a una bacanal. Ese desencadenamiento contrasta con el comportamiento anterior en donde se puede observar en el sujeto reservado normalmente, palabras groseras, promiscuidad, exhibicionismo.

3. Trastornos de ideación

El pensamiento maníaco se caracteriza por el desorden, la precipitación, la improductividad. Los procesos psíquicos son exaltados y acelerados (taquipsiquia): imaginación desbordante, hipermnesia, afluencia de ideas y representaciones.

La fuga de ideas constituye el aspecto esencial de este pensamiento inconsistente, surgiendo en desorden, las palabras se apresuran en una logorrea interminable. El enfermo salta de una idea a otra sin que juegue los procesos normales de dirección y de elección; su atención se expende al capricho de solicitaciones exteriores volviendo imposible una reflexión y una síntesis. Juega con las palabras, asociando muy rápidamente de un modo superficial por asonancia o juegos verbales (chistes); unas anécdotas, una adquisiciones escolares (poemas aprendidos de memoria) son evocadas de manera automática y recitadas por el placer.

La exaltación de la imaginación se traduce a menudo por una fabulación pseudodelirante que la euforia fundamental orientada hacia temas de grandeza, de misión religiosa o humanitaria. La realidad es embellecida; el maníaco infla su importancia social: inventa procesos infalibles y pueriles para volverse rico o mejorar el futuro de la humanidad. Se trata más de una fantasía imaginativa, de un delirio verbal, que de un profundo trastorno de la personalidad; el maníaco no adhiere a esa turbación que parcialmente, puede reírse de si mismo. En algunos casos, el arrebato maníaco se acompaña de verdaderas experiencias delirantes y alucinatorias. Esta manía delirante puede comportar temas místicos o proféticos con ideas de influencia (<Dios me ordena y habla por mi boca>, <Yo soy la Virgen María>) o temas de persecución, de reivindicación, de erotomanía.

4. Trastornos de la actividad

El maníaco tiene una necesidad de actuar y su hiperactividad se manifiesta desde el inicio del arrebato por una multiplicidad de pasos, de cartas, de compras inconsideradas. En el transcurso de la fase , la agitación nunca hace falta; el maníaco vive con un ritmo acelerado, en el ruido y en el desorden. Ronda en la calle, gesticula, muda y manipula los objetos en su habitación.

Esta actividad incesante y dispersa tiene un carácter lúdico. El maníaco gusta disfrazarse, jugar papeles. Las visitas son a menudo la ocasión de un incremento de la agitación, de una exhibición o haciendo el payaso, el enfermo declama y canta. Este comportamiento lúdico no es solamente histrionismo, es para el enfermo maníaco una forma de vivir la realidad exterior transformándola a su capricho de fantasía optimista. Solo en su recámara, continua algunas veces bailando y riendo.

La grande agitación maníaca es el día de hoy excepcional: movimientos incesantes, gritos, rechazos a los alimentos, impulso a escupir y morder, insomnio completo, feroz brutalidad destructiva (furor maníaco). Ello evoluciona algunas veces hacia un estado de agotamiento y de un delirio agudo hipertímico.

5. Síntomas somáticos

El insomnio es constante, precoz, rebelde a los hipnóticos habituales, desapareciendo solamente con el fin de la fase maníaca. Es un insomnio que no es pesado, a pesar de la falta de descanso, el enfermo no siente ni cansancio, ni fatiga; su resistencia física parece incrementar.

La temperatura es normal, el pulso un tanto rápido, la presión arterial es a veces baja. El hambre y la sed son excesivos, a pesar de la voracidad, las digestiones se hacen sin dificultades. El adelgazamiento es habitual en la fase de agitación. El peso se normaliza en el fin del acceso.

Evolución

La evolución espontánea transcurre hacia la remisión en 5 ó 6 meses en promedio, con unos accesos muy cortos de algunas semanas y con accesos prolongados durante varios años. Esas fases prolongadas de forma continua o remitente se observan después de los 50 años.

Con la quimioterapia, la duración del acceso fue recortada: dos meses en promedio. El mejoramiento sobreviene paulatinamente; la fabulación delirante cede bastante rápido; la excitación disminuye; la logorrea y la dispersión de la actividad son más lentas en desparecer. La normalización del sueño es un buen criterio de curación. El tratamiento quimioterapéutico de mantenimiento debe proseguir durante varios meses. Una fase depresiva sucede a menudo después del acceso maníaco.

Formas clínicas

1. El acceso hipomaníaco

Forma menor del acceso maníaco, es a menudo más observado que la grande crisis de manía aguda. Su diagnóstico es fácil cuando sobreviene en un maníaco-depresivo conocido: equivalente espontáneamente atenuado de una crisis maníaca, u oscilación hipertímica reducida por la terapéutica como es el caso en algunos maníaco-depresivos incompletamente controlados por el Litio. El diagnóstico es más difícil cuando es una primera manifestación patológica. La sintomatología es aquella de un acceso maníaco atenuado.

•  hipertimia eufórica y expansiva;

•  excitación intelectual : logorrea, réplicas fáciles, memoria viva, imaginación brillante e inventiva; la productividad es abundante, pero de calidad mediocre;

•  hiperactividad mal controlada: decisiones apresuradas, iniciativas múltiples, necesidad de cambio en las costumbres de la vida afectiva y profesional; inmensos proyectos llevados sin espíritu de seguimiento, especulaciones arriesgadas y prodigalidad.

trastornos del carácter ; el hipomaníaco no soporta las obligaciones, se muestra impaciente, autoritario y vindicativo. Se irrita con su entorno y le hace reproches•  hirientes a pesar que muchas veces tienen un fondo de verdad. Su agresividad es más verbal que física, pero puede traducirse en actos: denunciaciones, peticiones, pleito.

El acceso hipomaníaco marca generalmente una neta rotura con la personalidad anterior del paciente. Sin embargo, llega a suceder que en sujetos ciclotímicos o de personalidad hipomaníaca, el carácter patológico del acceso sea desconocido del entorno visto que el rendimiento puede, al menos algún tiempo, parecer excelente. El insomnio tiene en esos casos, valor de síntoma de alarma.

El comportamiento maníaco tiene a menudo consecuencias molestas para el enfermo y sus parientes cercanos; la hiperactividad enreda, los caprichos, la astenia vindicativa son fuente de discordias y de perturbaciones. Para sus iniciativas arriesgadas, el hipomaníaco puede comprometer su situación profesional y material. Su falta de moderación y de escrúpulos pueden conllevarlo a actos delictuosos (delincuencia financiera).

La fase hipomaníaca es accesible a las mismas terapéuticas que la fase maníaca. El más difícil es de convencer al enfermo de la necesidad de curarse.

2. Los estados mixtos

En el curso del acceso, unos síntomas maníacos y unos síntomas melancólicos son estrechamente asociados. Esos estados mixtos son raros, de diagnóstico difícil, se observan principalmente en la mujer. De las seis variedades descritas por Kraepelin, retenemos algunos aspectos clínicos:

•  Sea un humor y temas maníacos asociados a una inhibición psicomotora;

•  Sea melancolía agitada con fugas de ideas; los temas depresivos, la ansiedad se asocia a una excitación intelectual con hiperactividad e irritabilidad;

•  Sean unas fluctuaciones rápidas del humor variando de la éxtasis a la desesperación o a la cólera –coexistencia de temas de grandeza y de culpabilidad– arranque de angustia con miedo a la muerte, de la damnación, a la cuales sucede unos momentos de euforia delirante con temas de misión, de resurrección, de persecución.

Diagnóstico

•  Las embriagueses excitomotrices. El diagnóstico se formula a menudo en urgencia entre una hipomanía rociada y una embriaguez agitada en donde la duración es evidentemente más breve. Todas las embriagueses tóxicas (alcohol, hachís, cocaína) pueden realizar, de forma pasajera, unos cuadros de aspecto maníaco.

•  La excitación atípica en el curso de una esquizofrenia . El enfermo es sintónico, su discurso es más confuso, su euforia más discordante y más sarcástica, su agitación más estereotipada. De hecho un primer acceso de manía delirante en el adolescente puede tener el aspecto de la experiencia delirante parecida a una esquizofrenia. En ese caso, es la evolución quien rectifica el diagnóstico (acción del Litio, accesos periódicos).

•  El síndrome frontal de origen tumoral o atrófico (enfermedad de Pick); la moría de los frontales es un estado de excitación con jovialidad pueril y graciosa. El frontal es menos sintónico que el maníaco, más deficitario.

•  Los estados maníacos sintomáticos en el curso de afecciones endocrinas (enfermedad de Cushing), de afecciones del encéfalo y de la región hipotalámica (tumores encefalitos), en el curso de algunas quimioterapias (cortisona, L-Dopa).

(anexo 5)

La Fase Melancólica

La melancolía es un estado de depresión caracterizado por:

•  un profundo dolor moral;

•  una inhibición psíquica y psicomotora con una disminución y abulia;

•  una perturbación de las funciones biológicas: insomnio, anorexia.

Esta fase se desarrolla espontáneamente hacia la curación. Su pronóstico es casi únicamente condicionado por el riesgo de suicidio, el cual está presente a lo largo de la crisis y obliga a un cuidado atento.

Formas de inicio

La fase se constituye progresivamente con los primeros signos que son el insomnio y la fatiga. La sintomatología se precisa en algunas semanas o algunos meses: sentimientos de incapacidad y de desprecio; indecisiones crecientes; dificultad en interesarse a sus ocupaciones o en su entorno; rumiaciones ansiosas sobre su salud y su porvenir; ideas o gestos suicidas. El acceso melancólico sucede a veces a un acceso maníaco, el viraje del humor puede ser rápido.

En una cuarta parte de los casos, la sobrevenida de la fase melancólica parece surgir de una causa psicológica (duelo, jubilación, problemas financieros), o más raramente por una causa fisiológica (enfermedad infecciosa, intervención quirúrgica), o tóxica (quimioterapia, cortisona, etc.).

Cuadro sintomatológico

1. Presentación

El rostro es terroso, envejecido; los rasgos son poco movibles, caídos, la mirada fija, las cejas fruncidas; los pliegues de la frente dibuja a la raíz de la nariz el omega melancólico. El enfermo es inerte y postrado, su actividad espontánea es reducida al mínimo, sus gestos son lentos, inacabados, como penosos. Puede quedarse sentado horas, inmóvil, la cabeza caída, en una actitud de concentración dolorosa. Espontáneamente habla poco; interrogado contestará con lentitud, con monosílabas, en un tono apagado, monocorde; su conversación es entrecortada de suspiros y de gemidos. A menudo reticente, el melancólico puede tratar de esconder sus trastornos o de minimizarlos (depresión sonriente). En el curso de la melancolía ansiosa, la agitación es a veces en el primer plano del cuadro clínico.

2. La inhibición y la disminución

Son características de la melancolía (anexo 3):

•  inhibición intelectual: La ideación es lenta y empobrecida, los recuerdos son evocados con dificultad, los esfuerzos de atención y de reflexión son imposibles. El enfermo no es capaz de seguir una conversación o concentrarse sobre una lectura; su producción verbal es reducida, trabada alguna vez hasta el mutismo. En la mayoría de los casos, la orientación y las percepciones son correctas; sin embargo, el enfermo completamente atrapado por su dolor psíquico no presta atención al mundo exterior y retiene solamente los elementos propios para alimentar sus rumiaciones depresivas.

•  inhibición de la voluntad: La indecisión y el sentimiento de impotencia que existen desde el principio de la fase se agravan hasta la abulia completa. Toda actividad es frenada, reducida. Los actos de la vida corriente demandan un esfuerzo desmedido, los cuidados corporales y la vestimenta son descuidados.

•  inhibición de la afectividad: Existe una <anestesia afectiva> de la cual el enfermo se desespera: <no se conmueve, no tiene sentimientos para sus familiares; nada lo emociona>.

3. El dolor moral

El enfermo ha perdido el gusto por la vida; su campo de conciencia es invadido por una tristeza profunda hecha a la vez de aburrimiento, de penas y de desesperanza. Es una tristeza profunda, permanente, independiente de las circunstancias exteriores; nada puede reconfortar al melancólico atrapado en su desgracia.

•  Su cenestesia es penosa: cabeza vacía, malestar difuso, cansancio extremo; a menudo con una sensación de opresión, de espasmos viscerales se agregan a su inquietud.

•  El melancólico sufre su astenia vital , se siente muy disminuido, incapaz de concebir y de decidir, impotente en reaccionar. Las solicitaciones de su entorno que buscan distraerlo o estimularlo incrementan sus sentimientos de incapacidad y de depreciación personal. Hace el balance de sus insuficiencias, a menudo se acusa: <Yo soy el responsable de mi enfermedad la cual es debido a una falta de voluntad>, <es monstruoso no amar a mi familia>, confiesa unos errores o faltas pasadas de los cuales no se había percatado en el pasado incrementando su importancia. El porvenir le aparece inexorablemente tapado. Si se considera como un enfermo, tiene la certeza de ser incurable. Si se cree culpable, es seguro de tener un castigo irremediable: <No tengo solución y nadie puede hacer nada por mi>.

4. El deseo de la muerte; las conductas suicidas

La conciencia melancólica es dominada por la idea de la muerte, deseada <es mejor estar muerto que padecer esta tortura moral intolerable>; <sería mejor para mi familia que desapareciera>, buscada como una obligación, un castigo es necesario como la única solución posible.

•  el rechazo de los alimentos es una manera de expresar ese rechazo de vivir. Antes de la era terapéutica no era raro que un melancólico se dejara morir por inanición.

•  Las conductas suicidas son frecuentes y graves, justificando las medidas de cuidado constante que tenemos que tomar frente a los accesos melancólicos. El riesgo de suicidio dura a lo largo de la fase: suicidio inaugural de una melancolía con inicio agudo o de una recaída; suicidio al inicio de una quimioterapia, la suspensión de la inhibición precedente la desaparición del dolor moral, el riesgo del paso al acto puede verse incrementado; suicidio de la convalecencia: a pesar que aparentemente esta mejor, el enfermo no ha encontrado todavía <la felicidad de vivir>; aprovecha la ampliación de la vigilancia, de un permiso, para realizar un suicidio del cual no ha cesado de pensar desde hace unas semanas y por el cual ha cuidadosamente escondido los preparativos (almacenamiento de medicamentos por ejemplo).

En el melancólico, la autenticidad de una conducta suicida nunca se tiene que poner en duda. Una tentativa en apariencia menor, fracasando por precipitación en su realización, puede ser seguido algunas horas más tarde de un suicidio logrado. La búsqueda de <métodos eficaces> atestiguan de la determinación del enfermo que nada detiene en su búsqueda de la muerte, ni los lazos familiares, ni los sentimientos religiosos, ni el miedo al dolor físico. A veces la realización es brutal en el curso de un acto impulsivo (estrangulación, ahogo, aventarse por la ventana). Sucede que una madre lleve sus hijos a la muerte por altruismo delirante (suicidio colectivo).

5. Los síntomas somáticos; los trastornos del ritmo nictemeral

El insomnio es constante, rebelde, pesado, de ritmo variable: algunas veces total, más a menudo inicial o sobretodo terminal, el enfermo despertándose al alba con la angustia del día por llegar. El registro EEG continuo llevado sobre un gran número de noches (un mes y más), muestra en los depresivos endógenos tres hechos: 1) el sueño es interrumpido más frecuentemente y se vuelve más ligero que en el sujeto normal; 2) la duración del cuarto estado del sueño (sueño profundo) con ondas delta es reducido; 3) se observa, entre los pacientes y también en cada enfermo, una gran variabilidad de ciclos del sueño y de la duración proporcional de las fases de sueño incluyendo el sueño paradoxal.

Los trastornos digestivos son habituales: anorexia, estado saburral de las vías digestivas, estreñimiento. El adelgazamiento es frecuente. Unos trastornos neuro-vegetativos, crisis sudorales, crisis de frío, pueden observarse. Hay generalmente una baja de la libido. La amenorrea es casi constante.

La sintomatología depresiva presenta muy frecuentemente unas variaciones espontáneas en el transcurso de la jornada. Se presenta una agravación matutina y un mejoramiento en la tarde. Este hecho junto a los trastornos del sueño invita a pensar que existe un trastorno del ritmo nictemeral de las funciones biológicas y que parece confirmar unos estudios sobre el ritmo de la eliminación de los electrolitos, sobre el índice de cortisol.

Evolución

La evolución espontánea evoluciona hacia la cura en 6 ó 7 meses en promedio, con unas fases cortas de algunas semanas y unas fases prolongadas durante varios años; las fases de larga duración puede ser de una sola presentación o remitentes sucediéndose sin intervalos libres notables.

La quimioterapia ha notablemente recortado la duración de las crisis (1 mes de hospitalización en promedio). El mejoramiento se hace generalmente de forma progresiva por reanudación de la actividad y del apetito, la normalización del humor siendo más tardío. El regreso del sueño, la recuperación de peso son signos fieles del mejoramiento. Un enfermo puede ser considerado como curado cuando solamente ha vuelto a tener una felicidad de vivir; se desconfiaría de los mejoramientos incompletos, de las oscilaciones tímicas de la convalecencia en donde el riesgo suicida sigue importante. El tratamiento quimioterapéutico deberá ser continuado durante un tiempo suficiente, generalmente varios meses.

Formas clínicas

1. Melancolía simple

Forma menor, muy frecuentemente observada. La sintomatología es atenuada o sea espontáneamente, o sea bajo la influencia de unos tratamientos profilácticos a largo curso como el Litio. Los signos habituales son: astenia, el insomnio y la reducción de la actividad. El enfermo se siente cansado, indeciso, irritable; tiene conciencia de ser inferior a su tarea, evita las conversaciones, se aísla; todo le fatiga y lo aburre. El dolor moral estando en segundo plano, la naturaleza depresiva de esos episodios es a menudo desconocida; sin embargo, el riesgo suicida existe, temible en un sujeto que ha guardado suficiente dinamismo para realizar eficazmente su proyecto.

2. Melancolía estuporosa

En este aspecto tardío de un acceso no tratado, la inhibición psicomotora está a su máximo. El enfermo está paralizado, inmóvil; la alimentación es muy difícil. Atrás de esa apariencia estuporosa, existe un intenso dolor moral expresándose por la mímica de la desesperación y de unos escasos gemidos.

3. Melancolía agitada

La angustia esta en primer plano: opresión, sofocación, cenestopatía múltiples, desborde emocional en la cual la apariencia, algunas veces teatral, no debe hacer subestimar el dolor moral auténtico. La agitación es incesante: gesticulaciones, deambulaciones, lamentaciones con quejas monótonas sobre los mismos temas de inquietud incluso sobre los mismos temas delirantes. Un acto es temible en unos paroxismos ansiosos: huidas, gesto suicida o automutilador.

4. Melancolía delirante

El dolor moral es vivido y expresado sobre un modo delirante. Unas interpretaciones erróneas, unas construcciones imaginativas alimentan ese delirio patético cuya elaboración intelectual sigue siendo pobre. Unas ilusiones perceptivas de errores de identificación se observan. Un visitante es tomado por un gendarme o un juez. El ruido de un claxon significa por el paciente la llegada de un camión lleno de policías encargados de su arresto. Algunas veces voces interiores lo acusan <tu padre está muerto por tu culpa> y lo empujan al suicidio <debes morir>. Un oneirismo nocturno terrorífico puede existir: visiones de ataúdes, escenas de ejecución.

El delirio melancólico es siempre de tonalidad dolorosa. Es monótono y fijo, el enfermo repite sin cesar las mismas ideas, nada puede quitarle su convicción. Ese delirio tiene un carácter centrífugo y extensivo, es del sujeto que viene el mal; su entorno es progresivamente englobado en su pesimismo delirante <yo soy el responsable de las desgracias de mis allegados; ellos van a perecer conmigo; nada bueno les puede suceder>. El destino es sufrido pasivamente con agobio y desesperanza como una fatalidad inexorable que el melancólico acepta sin rebelión contra Dios, sin reivindicaciones con respeto al prójimo.

Los temas de la melancolía delirante son:

•  las ideas de culpabilidad y de indignidad; la auto-acusación es muy frecuente sustentado sobre una faltas veniales con consecuencias agrandadas hasta lo absurdo o sobre unas faltas puramente imaginarias, unos crímenes inexpiables con consecuencias aterradoras: castigo capital, damnación eterna.

•  Las ideas de duelo y de ruina; convicción delirante de la muerte, de la pérdida de bienes, de la fortuna.

•  Las ideas hipocondríacas; o sea una certeza absoluta de tener una enfermedad mortal, cáncer, leucemia o ideas de negación de órganos, <los intestinos están tapados, no tengo estómago, de corazón> los cuales se asocian a veces a unos temas de negación del mundo <nada existe>, de inmortalidad, de enormidad, de damnación, realizando el síndrome de Cotard.

•  Las ideas de influencia y de posesiones diabólicas.

•  Las ideas de persecución; el melancólico reconoce el bien fundado de las persecuciones las cuales son la consecuencias de sus crímenes <la sociedad lo juzga; lo van a arrestar, ejecutarlo>.

5. La depresión enmascarada

La distimia es recubierta por una sintomatología somática y el paciente expresa su afecto depresivo en términos de malestares físicos; en primer plano el insomnio y la fatiga. Algunas veces las quejas somáticas se focalizan: en la esfera digestiva; anorexia, gastralgia, pesadez abdominal dolorosa, estreñimiento pertinaz; en la esfera cardiorespiratoria; precordalgia s , opresión, crisis disneica s, lipotimias; unos dolores a la vez atípicos y persistentes polarizan a menudo la atención del enfermo: cefaleas, algias de la esfera facial (glosodinas , odontalgias), lumbalgias, parestesias difusas. Las depresiones enmascaradas tienen el mismo curso evolutivo de fase que los accesos típicos con los cuales pueden alternarse. La evolución espontánea se prolonga a veces durante varios años. A pesar de que los tratamientos sintomáticos son sin efecto, las quimioterapias antidepresivas se demuestran muy eficaces.

Diagnóstico

El diagnóstico de un acceso melancólico verdadero tiene pocos problemas. Unos errores tienen que evitarse con las formas menores o atípicas.

1. No confundir ansiedad neurótica y depresión

La depresión se acompaña a menudo de angustia física (opresión, palpitaciones) y psíquicas (espera ansiosa de una desgracia), de reacciones de pánico frente a las tareas de la vida cotidiana. Esos síntomas pueden aparentar una angustia neurótica y ocasionar una terapéutica inadecuada. Un tratamiento ansiolítico no mejora la timia depresiva a pesar de atenuar algunos síntomas. Se tomará en cuenta la sintomatología actual, la cual, en el depresivo tiene siempre un aspecto deficitario global: pérdida de interés, bajo rendimiento, sentimiento de auto-depreciación, a pesar de que el ansioso tiene generalmente una historia neurótica más antigua, unas inhibiciones más localizadas, unas dudas y una inquietud más que tristeza.

2. No desconocer una depresión enmascarada por unos trastornos somáticos

Frente a un cuadro clínico hecho de quejas somáticas y de trastornos funcionales, algunos elementos hacen sospechar la depresión:

•  la desproporción entre los síntomas presentados y la disminución de la actividad general. El paciente se sustrae tras sus cefaleas y su cansancio para explicar que ha abandonado la lectura y las salidas; a menudo ha dejado su trabajo, lo cual no ha mejorado su estado.

•  la tonalidad pesimista de las respuestas, la disminución del umbral de tolerancia a las preocupaciones y a las obligaciones de la vida, la falta de interés para las actividades habitualmente realizadas.

•  la importancia de los trastornos del sueño.

•  el predominio matutino de todos los trastornos: el enfermo se levanta agotado, la puesta en marcha es larga y pesada, la noche es siempre mejor.

•  otros argumentos son igualmente a considerar. Los trastornos actuales aparecen como síntomas de una crisis en el sujeto que estuvo hasta la fecha con buena salud, sin tendencias hipocondríacas. Se produjo en él un tipo de cambio, más global que aquel sufrido en las afecciones orgánicas, más inexplicable que en las neurosis ansiosas con expresión somática. Las tentativas de tranquilizar al paciente por parte del médico y de sus parientes aportan solamente una ayuda pasajera; la falta de vigor desencadena la exasperación o la derrota. La noción de un episodio depresivo anterior es un argumento de peso, pero muchos enfermos no lo platican espontáneamente; es necesario buscarlo sistemáticamente así como también unos antecedentes familiares similares.

Es necesario saber que la depresión melancólica puede variar en su sintomatología de una cultura a otra. Los síntomas fundamentales encontrados en todos los países son: la alteración del humor, las perturbaciones de la iniciativa, los trastornos del sueño, del apetito y de la libido. Los síntomas con dependencia cultural son: los sentimientos de culpabilidad, las preocupaciones suicidas, las elaboraciones delirantes.


II. Aspectos Clínicos y Evolutivos de la Psicosis Maníaco-Depresiva

Formas Unipolares y Bipolares

A partir de los trabajos iniciales de Angst y de Perris (1966), numerosos estudios han confirmado el interés de una subdivisión de la psicosis maníaco-depresiva en dos grandes variedades (anexo 2):

•  Forma bipolar caracterizada por la sobrevenida de accesos maníacos y depresivos (al menos un acceso de cada clase). Se incluyen las excepcionales manías periódicas. Los pacientes bipolares tienen a menudo una personalidad con base sintónica o ciclotímica. El riesgo hereditario es muy elevado, de tipo bipolar o unipolar depresivo. Esta forma seria la más accesible a la profilaxis por el litio. (anexo 4)

•  Forma unipolar depresiva , la más frecuente; tiene una neta predominación por el sexo femenino. Incluye las depresiones endógenas con principio tardío anteriormente descrita como melancolías de involución. Los pacientes unipolares depresivos tienen a menudo una personalidad con base asténica, inhibida, faltando de confianza en si, sin capacidad de adaptación. El riesgo hereditario es menor que en la forma bipolar, caso siempre similar, unipolar depresivo.

El curso de la enfermedad

El curso de la enfermedad es irregular, variable de un paciente a otro y de una forma a otra. Algunos caracteres evolutivos se extraen, sin embargo, de los estudios realizados sobre un gran número de pacientes, el más importante siendo aquel de Angst (1973) sobre 1,027 pacientes (393 bipolares y 634 monopolares depresivos).

•  El inicio es más precoz en las formas bipolares (edad promedio de inicio 30 años) en donde la primera manifestación, maníaca o melancólica, aparece muy a menudo desde la adolescencia y solamente en el 10% de los casos después de los 50 años. En las formas unipolares depresivas, la edad promedio de inicio es 43 años, más de 10% de los casos aparece después de los 60 años.

•  Las dos formas tienen una evolución periódica con tendencia al regreso de los accesos. Es excepcional que un episodio quede aislado en el curso de la existencia.

•  El número de episodios varía mucho de un paciente a otro; hay una forma en donde los accesos son escasos, separados por unos intervalos libres de larga duración (más de 10 años) y unas formas invalidantes por causa de la recurrencia anual o bianual de las crisis. La evolución es generalmente más severa para las formas bipolares. Para un periodo de observación de 20 años, el número medio de periodos es de 7 a 9 en las formas bipolares, de 4 a 6 en las formas unipolares depresivas. En los pacientes bipolares la alternancia regular de las crisis maníacas y melancólicas es rara; se observa más bien unas evoluciones irregulares con predominio de un tipo de crisis.

•  La duración de los ciclos (tiempo pasado entre el inicio de un acceso y el inicio del acceso siguiente) tiene tendencia a disminuir de un episodio a otro, pudiendo estabilizarse después de 4 ó 5 accesos.

El Tratamiento Farmacológico y Psicoterapéutico del Trastorno Bipolar

En todo tratamiento farmacológico de trastornos afectivos (TA) hay que tener en cuenta una serie de consideraciones: el diagnóstico ha de ser correcto ya que en su contrario puede dar lugar a una falta de respuesta; el retraso en el inicio del tratamiento puede producir un empeoramiento del proceso una respuesta más lenta al tratamiento; en la elección del mejor fármaco es preciso un buen conocimiento de las dosis de manejo del fármaco y de su perfil de seguridad, tomar en cuenta el tiempo del tratamiento que a veces podrá ser de por vida, el grado de incumplimiento de los tratamientos farmacológicos es elevado en todos los pacientes afectivos, el médico debe asegurarse de que ello no ocurra especialmente en caso de falta de respuesta.

El Trastorno Bipolar

Existen diversas formas y subtipos dentro de la propia enfermedad que tienen una forma de presentación clínica característica y unas causas genéticas y biológicas que motivan que el tratamiento sea fundamentalmente farmacológico.

Tratamiento del Trastorno Bipolar

En el tratamiento de los trastornos bipolares se pueden distinguir dos fases fundamentales: la fase aguda (maníaca, hipomaníaca, depresiva o mixta) y la de mantenimiento. La enfermedad es un proceso longitudinal, no una mera crisis puntual. (anexo 13)

Tratamiento agudo

La manía

El principal problema en el tratamiento de la manía es establecer un diagnóstico correcto ya que muchos casos son difíciles de distinguir de una psicosis aguda sin síntomas afectivos. Aunque se ha dicho siempre, que el tratamiento de elección es el Litio, se trata de un fármaco de acción lenta y que la mayor parte de las veces no es suficiente para contener la importante inquietud psicomotriz del paciente maníaco, por lo menos durante las dos primeras semanas. Por ese motivo se debe añadir fármacos antipsicóticos, que deben darse a dosis bajas o moderadas y durante el menor tiempo posible, por el riesgo de favorecer un viraje hacia la depresión. (anexo 12)

Los antipsicóticos atípicos han demostrado su eficacia en la manía en estudios controlados, un perfil de efectos secundarios más benigno que los neurolépticos convencionales. Es preferible utilizar benzodiacepinas con acción antimaníaca, como el clonacepam, en el tratamiento de la agitación y el insomnio de estos pacientes. Para las determinaciones de la concentración sérica de Litio, (entre los 0.8 y los 1.2 mEq/l) es importante tener en cuenta la pauta de dosificación y dejar un intervalo mínimo de cinco días entre las modificaciones de la dosis y el análisis. En pacientes que no responden o lo hagan sólo parcialmente, la carbamacepina, el ácido valproico o la TEC son alternativas eficaces y pueden prescribirse de entrada en cicladores rápidos, sea en monoterapia o en combinación con Litio. Este fármaco ha demostrado su utilidad en el tratamiento de la manía en diversos ensayos clínicos con una eficacia comparable a la de los neurolépticos y no superior a la del Litio. Las dosis oscilan entre 800-1,200 mg/día, para obtener niveles comprendidos entre 6 y 15 ug/ml.

Para el valproato los niveles óptimos para obtener una respuesta terapéutica eficaz con los mínimos efectos adversos están comprendidos entre 45 y 125 ug/ml.

La clozapina, la risperidona, la olanzapina y la ziprasidona han demostrado su eficacia en el tratamiento de la manía. La clozapina es útil en caso de manía refractaria a dosis medias de 500 mg/día, la olanzapina a dosis de unos 15 mg/día y la ziprasidona a dosis de 80-160 mg/día.

La TEC es quizás el tratamiento más eficaz de la manía pero se usa poco en esta indicación, es el tratamiento de primera elección en el delirium maníaco, la manía catatónica y en pacientes embarazadas.

Referente a la actitud del terapeuta: debe evitar entrar en discusiones bizantinas, silencios pasivos o abandono de la entrevista, salvo en caso de manifestación agresiva por parte del paciente; debe adoptar una posición firme y decidida no autoritaria, asumiendo un papel activo en el establecimiento de los límites de la situación; y debe comunicar al paciente que comprende lo que está experimentado y que está dispuesto a ayudarle.

La Hipomanía

El principal problema terapéutico es el establecimiento de un diagnóstico preciso, que en este caso es especialmente difícil, por la fácil confusión con conductas voluntarias o caracteropáticas. El tratamiento ideal de la hipomanía son los eutimizantes, principalmente el Litio. En bipolares tipo 1 la hipomanía es con frecuencia, el preludio de una fase maníaca grave, por lo que puede estar indicado un antipsicótico a dosis moderadas por su rapidez de acción y un hipnótico. La risperidona a dosis medias de 3 mg/día se ha mostrado útil en pacientes hipomaníacos.

La depresión bipolar

El litio es un fármaco eficaz en el tratamiento de la depresión bipolar. En pacientes tratados, muchos estados depresivos de intensidad moderada responden fácilmente a un incremento de la dosis de Litio.

Si resulta insuficiente, suele ser necesario añadir un antidepresivo, pero no es conveniente tratar fases depresivas leves o moderadas con estos fármacos, ya que existe un cierto riesgo de acelerar el curso de la enfermedad por inducción de manía o hipomanía fármacogena.

En el tratamiento de la depresión bipolar debe evitarse tanto caer en el sobretratamiento de depresiones leves como en el uso excesivamente restringido de antidepresivos, por temor a precipitar virajes. La depresión bipolar responde favorablemente tanto a tricíclicos como a IMAO y a ISRS, sobre todo en combinación con Litio. Los fármacos útiles en el tratamiento de las depresiones no bipolares son también eficaces en éstas, pero en pacientes bipolares debe tenerse en cuanta el riesgo de precipitar un viraje hacia la manía o la inducción de ciclación rápida. Las hipomanías fármacogenas inducidas por IMAO o bupropion eran menos graves que las inducidas por tricíclicos o inhibidores selectivos de la recapacitación de serotina.

Sería preferible evitar los triciclos en pacientes bipolares deprimidos, salvo en casos de resistencia a otros fármacos o en casos graves, asociándolos siempre a eutimizantes. El valproato y la carbamacepina parecen bastante más eficaces como antimaníacos que como antidepresivos. Los nuevos antiepilépticos, en cambio, podrían resultar útiles: un ensayo clínico mostró la eficacia de la lamotrigina en la depresión bipolar y estudios abiertos han apoyado la utilidad de la gabapentina y del topiramato.

Los estados mixtos

El tratamiento de estos cuadros es especialmente complejo. El tratamiento será también más parecido al de la manía que al de la depresión, aunque con algunos matices. El mayor énfasis debe ponerse en los eutimizantes, combinando 2 ó 3 de ellos si es necesario. El Litio se ha demostrado claramente menos eficaz en estos pacientes, pero superior al placebo, por lo que su uso no debe desestimarse, pero en general este tipo de cuadros parece responder mejor a la carbamacepina o al valproato. Los antipsicóticos pueden ser útiles, pero a dosis no muy elevadas por el riesgo de empeorar la sintomatología depresiva. Los antipsicóticos atípicos como la clozapina, la risperidona, o la olanzapina entre otros, que parece tener menor potencial depresógeno, parecen especialmente eficaces en estos casos. La utilización de antidepresivos es desaconsejable, ya que acostumbran a empeorar los síntomas, incluso en caso de verdadero predominio de los síntomas depresivos, como las depresiones agitadas. Por su elevado riesgo autolítico, los estados mixtos deben ser tratados en instituciones hospitalarias en la mayor parte de los casos.

La TEC es un tratamiento muy válido en este tipo de pacientes, e incluso podría considerarse de elección, a pesar de algunas incógnitas que puede generar el tratamiento de mantenimiento ulterior.

Tratamiento de mantenimiento

Puesto que el curso del trastorno bipolar se caracteriza fundamentalmente por ser recidivante, el tratamiento de mantenimiento o profiláctico es fundamental. Conviene tener en cuenta la edad del paciente, su situación personal. Su conciencia de enfermedad, la gravedad del episodio previo, etc.

En cualquier caso, la retirada debe ser gradual y el paciente debe ser avisado de la altísima probabilidad de presentar un nuevo episodio en el futuro, con el fin de que reanude a tiempo el tratamiento psiquiátrico si se da dicha circunstancia.

Tratamiento de los trastornos bipolares I y II

La principal arma para el tratamiento de la enfermedad es todavía el Litio, puesto que su eficacia para reducir el riesgo de recaídas ha sido demostrada. La supresión del tratamiento con Litio, sin embargo, parece precipitar en mayor medida una recaída que si el paciente no lo ha recibido, especialmente si la supresión es brusca. La supresión lenta, en cambio, podría ser más segura. La decisión de interrumpir el tratamiento preventivo debe ser meditada, ya que se han descrito resistencias al Litio aparecidas tras la interrupción del mismo.

Las litemias deben realizarse después de cada modificación de la dosis, y una vez ajustadas, cada 4-6 meses aproximadamente. La mayor eficacia profiláctica se obtiene con unos niveles plasmáticos de Litio comprendidos entre 0.8 y 1.0 mmol/l. (anexo 14)

Uno de los principales problemas del tratamiento es la gran reticencia de los pacientes a seguirlo tomando cuando ya están bien. Los pacientes con muchas recaídas y, especialmente, con cicladores rápidos, se benefician en mayor medida del tratamiento con carbamacepina o ácido valproico asociados o no al carbonato de Litio. La combinación de Litio y antidepresivos no supone una mayor eficacia profiláctica, por lo menos en bipolares tipo I, pero podría tener ventajas en bipolares tipo II, en los que una alternativa podría ser la lamotrigina. El riesgo de viraje maníaco tras la instauración de tratamiento antidepresivo hace que sea preferible evitar el uso de triciclos, y retirar siempre que sea posible estos fármacos tras la remisión de la depresión, salvo pacientes muchos más propensos a ésta que a la manía, o en bipolares tipo II con hipomanías suaves pero depresiones graves.

La terapia electroconvulsiva de mantenimiento podría ser un tratamiento eutimizante eficaz en algunos casos y, probablemente, es un recurso infrautilizado por razones extracientíficas. Consiste en la administración de una sesión cada 2-6 semanas de forma ambulatoria. No se ha descrito secuelas por uso continuado de la TEC.

Tratamiento de cicladores rápidos

El tratamiento de la ciclación rápida tiene algunos puntos en común con los estados mixtos, pero no es exactamente igual. Un objetivo básico es mitigar la intensidad de los síntomas al tiempo que se reduce la frecuencia de los ciclos, por lo que no se recomiendan tratamientos con alto potencial de viraje, como antidepresivos tricíclicos o antipsicóticos potentes a dosis elevadas.

Actualmente parece claro que la ciclación rápida es un estado bastante parecido, en concepto, al estatus epiléptico, tanto por su reversibilidad como su respuesta terapéutica preferente a anticonvulsionantes. Los predictores de respuesta al valproato en cicladores rápidos serían la ausencia de síntomas psicóticos, una frecuencia regular de episodios y ausencia de trastorno límite de la personalidad concomitante, pero no el número de episodios. La levotiroxina ha sido propuesta como eutimizante a partir de la observación de una elevada frecuencia de hipertiroidismo subclínico en pacientes bipolares especialmente en cicladores rápidos, y de una buena respuesta de éstos a su administración. Las dosis son elevadas, entre 150 y 400 ug al día, pero puede ser suficiente con 100 ug/día en muchos casos.

Tratamiento durante el embarazo

Las pacientes bipolares embarazadas corren el riesgo de presentar malformaciones fetales si están en tratamiento profiláctico. Se ha descrito teratogenia por Litio, espina bífida por el uso de carbamacepina y por valproato, de modo que es conveniente una adecuada planificación familiar. Generalmente, la paciente suele mantenerse eutímica durante el embarazo. De no ser así, se tratará la recaída con antidepresivos o antipsicóticos de probada seguridad, hasta superar al primer trimestre.

Avances en psicoterapia y rehabilitación

Es necesario realizar estudios metodológicamente rigurosos que determinen la eficacia de las intervenciones psicológicas en esta enfermedad. Sólo el método científico avalará o descartará de forma objetiva la aplicación de técnicas psicológicas como complemento del tratamiento farmacológico de los trastornos bipolares. También deberán realizarse estudios controlados de eficacia de diversas psicoterapias en el tratamiento de la depresión bipolar leve y moderada, especialmente si no se consigue encontrar un antidepresivo con baja capacidad inductora de viraje. Los pacientes bien informados, con una buena autoestima, bien entrenados para la detección precoz de síntomas de recaída y conscientes de la necesidad del tratamiento farmacológico tienen mejor pronóstico a largo plazo.

El rol desempeñado por la psicoterapia en el abordaje de los trastornos bipolares a lo largo de la historia presenta un curso similar al de un paciente bipolar tipo I: de la euforia inicial en que se pretendía lograr la curación de este tipo de pacientes mediante el uso de la palabra, se pasó a una “fase depresiva” una vez hecha la constatación de la inutilidad de la psicoterapia como método de curación para los trastornos bipolares. El progreso de la psicofarmacología, especialmente patente en esta enfermedad, ha conllevado, en los últimos años, un cierto desinterés hacia las posibilidades de complementar el tratamiento farmacológico con una ayuda psicológica. Pero, afortunadamente, en la actualidad todos los expertos coinciden en la necesidad de un apoyo psicológico como tratamiento coadyuvante para algunos pacientes bipolares. (anexo 15)

La pretensión de un abordaje psicoterapéutico de los trastornos mentales graves debe partir siempre de la consideración de que su ámbito de trabajo se halla muy limitado, lo cual no quita que la aportación de la psicoterapia resulte, para muchos pacientes, crucial en su evolución. A pesar de ello, el papel de la psicoterapia en esta enfermedad es un tema polémico y en constante evolución. De jugar un papel central y casi exclusivo, se ha pasado a una situación en que se le confiere una función marginal o mínimamente complementaria.

Lamentablemente, la investigación aplicada en psicoterapia realizada hasta la fecha adolece de graves defectos metodológicos que dificultan la extracción de conclusiones objetivas. En la mayor parte de los trabajos resulta difícil distinguir las conclusiones derivadas de la personalidad de base del sujeto de las que se desprenden de los propios síntomas de la enfermedad. La mayoría de estudios de personalidad del paciente bipolar hechos hasta la fecha no relatan diferencias significativas en cuanto a neuroticismo entre pacientes bipolares eutímicos y sujetos control o entre bipolares y grupos de pacientes con depresión unipolar. Puesto que no parece existir un patrón de personalidad específico para el enfermo bipolar, la psicoterapia debería dirigirse a tratar síntomas (o las consecuencias de éstos) y no a modificar la personalidad del sujeto.

Psicoanálisis

Por las propias características del modelo psicoanalítico, que fundamenta el abordaje del paciente más en el diagnóstico dinámico que en el diagnóstico clínico , apenas hay trabajos que no sean meras descripciones de casos aislados. A pesar de no haberse demostrado su eficacia, algunos autores defienden el uso de psicoterapias de base psicoanalítica para mejorar el funcionamiento interepisódico del paciente y reducir la frecuencia de futuros episodios. Al contrario, la mayoría de las veces, el resultado de la psicoterapia analítica suele ser la culpabilización del paciente acerca de sus síntomas y una cierta confusión acerca de la causa de la enfermedad que puede repercutir negativamente en la adhesión terapéutica de estos pacientes que, ya de por sí, suele ser bastante baja.

Terapia de grupo

Los pacientes bipolares han sido contemplados tradicionalmente como poco aptos para participar en grupos terapéuticos. Afortunadamente, en los últimos diez o quince años, y gracias a iniciativas como las de la National Depressive and Manic-Depressive Association de Estados Unidos, se está volviendo a la creación de grupos terapéuticos para bipolares como método de apoyo al cumplimiento del tratamiento farmacológico, resolución de problemas relacionados con la enfermedad, información sobre la enfermedad y desestigmatización; es decir, se trata de grupos fundamentalmente psicoeducativos y de apoyo.

Aunque no existe por ahora el suficiente soporte científico para afirmarlo, la combinación de terapia de grupo y enfoque psicoeducativo constituiría el enfoque óptimo para conseguir un buen manejo de la enfermedad y sus consecuencias por parte del propio paciente, mejorar la adaptación interpersonal y sociolaboral, y rentabilizar al máximo la intervención. Para ello, es fundamental que uno de los objetivos primordiales del grupo sea mejorar el cumplimiento de la medicación.

Psicoeducación

La psicoeducación parte esencialmente de un modelo médico del trastorno mental , e intenta proporcionar al paciente un marco teórico y práctico en el cual pueda comprender y afrontar las consecuencias de la enfermedad, colaborando activamente con el médico en el tratamiento. Su aplicación en enfermedades crónicas como la diabetes mellitus, el asma o la hipertensión se ha demostrado eficaz para disminuir la intensidad, la frecuencia y el impacto de las crisis, mejorando sustancialmente la calidad de vida del paciente y de su familia. Sólo exige un conocimiento exhaustivo de la enfermedad y su manejo, facilidad de comunicación y empatía, y conocimientos básicos de psicoterapia. Esto tiene la especial virtud, aplicada a los trastornos bipolares, de enfocar el trastorno como una enfermedad biológica y de focalizar el tratamiento, paradójicamente, en las medidas farmacológicas, que hasta la fecha son las que han demostrado una mayor eficacia para mejorar el curso de la enfermedad.

Aunque probablemente el enfoque psicoeducativo viene siendo practicado por muchos médicos desde hace décadas, no ha sido hasta los años noventa que han aparecido los primeros trabajos sobre su eficacia. Previamente, algunos estudios intentaron analizar los motivos por los cuales los pacientes abandonaban el tratamiento farmacológico. El conocimiento de que muchas veces los motivos eran prejuicios, temores irracionales e ignorancia, más que los propios efectos secundarios, señalaron la necesidad de complementar dicho tratamiento con la psicoeducación.

Terapia cognitivo-conductual

Hay poca literatura sobre el uso de la terapia cognitiva en el tratamiento del trastorno bipolar, y la mayor parte de las veces se le cita como instrumento para mejorar el cumplimiento del tratamiento farmacológico. Pero, más allá de este uso, podría ser útil también para tratar la disforia postepisódica , en la que el paciente puede sentirse culpable de las cosas que ha hecho cuando estaba maníaco y de las que ha dejado de hacer estando deprimido.

Por lo que se refiere a terapia conductual, se propone el uso del método de registro para facilitar la identificación de estresores psicosociales específicos y recurrentes con especial sentido para el paciente, que suelen asociarse a los episodios. Esta jerarquización permitiría la utilización de técnicas como la desensibilización sistemática. La terapia de conducta podría ser útil en pacientes con un tono depresivo o distímico predominante, o en la depresión leve post-maníaca, en que es frecuente que el paciente se muestre abúlico, desmotivado e hipoactivo; en estos casos el tratamiento farmacológico antidepresivo puede ser contraproducente, ya que existe el riesgo potencial de inducir un viraje o acelerar los ciclos. Técnicas de autocontrol, manejo e inoculación del estrés, exposición y afrontamiento podrían ser útiles para abordar problemas específicos derivados de la enfermedad.

Resumen sobre las Psicoterapias

Desde las primeras descripciones de la enfermedad se han ensayado todo tipo de enfoques psicoterapéuticos en estos pacientes, pero hay escasos datos acerca de la eficacia de dichas intervenciones. Los estudios que han referidos mejorías significativas en estos parámetros lo han hecho siempre a través de la mejoría del cumplimiento de la medicación. Por ese motivo se ha ido imponiendo el abordaje psicoeducativo . Las terapias individuales inspiradas en el psicoanálisis, las terapias familiares y algunas técnicas cognitivo-conductuales se han mostrado útiles en la mejora de aspectos más subjetivos, como autoestima, autoconocimiento, relaciones interpersonales, capacidad de afrontamiento, etc.

No se debe olvidar que la mayor ayuda para el paciente es mantenerlo asintomático. El modelo psicoeducativo está inspirado en el modelo médico, e intenta mejorar el cumplimiento farmacológico, facilitar la identificación precoz de síntomas de recaída, afrontar las consecuencias psicosociales de los episodios previos y prevenirlas de los futuros, dotando, en definitiva, a los pacientes y a sus familiares de habilidades en el manejo de la enfermedad, con el objetivo de mejorar su curso.

Resumiendo, a pesar de que la evidencia sobre su eficacia todavía es escasa, la psicoterapia se va afianzando día a día como una técnica útil en el abordaje de los trastornos bipolares; su campo de acción debe ser prioritariamente el abordaje de la baja adhesión terapéutica, la conciencia de enfermedad y las variables carácteriales y temperamentales que pueden empeorar el curso del trastorno afectivo. La consideración de todo ello ha llevado a la actual integración del abordaje psicoterapéutico –básicamente la psicoeducación - como tratamiento coadyuvante al farmacológico. Esta integración, tan compleja y polémica como necesaria en la práctica clínica sitúa a la psicología en una nueva fase de su particular curso ciclotímico.

III. Las Depresiones Psicogénas

Las depresiones psicógenas constituyen un grupo heterogéneo cuyos cuadros clínicos polimorfos expresan la reacción de una personalidad subnormal o francamente patológica a un ambiente desfavorable, o la elaboración depresiva de conflictos inconscientes reactivados por una situación actual. Los elementos del síndrome depresivo se combinan entre si en proporción variable: 1) modificación disforica del humor; 2) inhibición de los funcionamientos del Yo; 3) ansiedad; 4) síntomas somáticos. En el plan clínico, las depresiones psicógenas aparecen como menos profundas <menos biológicas> que las depresiones endógenas melancólicas. Ellas se caracterizan de estas últimas por:

•  La tonalidad de la disforia y el contenido relativamente comprensible de unos temas depresivos. El sujeto se siente abandonado, aislado, desanimado, humillado, inútil. Sus pensamientos se repiten sin interrupción sobre las dificultades o las desgracias de su existencia. A veces se rebela contra el destino o contra la sociedad, se siente víctima y vuelve su entorno responsable de su estado. Es más raramente que se vuelve contra él y se hace reproches, las cuales nunca tienen la intensidad y el carácter absurdo de las auto-acusaciones melancólicas.

•  Una ansiedad manifiesta a menudo en el primer plano del cuadro clínico, con una manifestaciones somáticas (sofocaciones, vértigos, temblores), unos temores difusos o localizados: miedo a la muerte o al abandono, aprehensión por el futuro. Éste es visto bajo una perspectiva sombría, pero el enfermo guarda todavía esperanza. Quiere que lo compadezcan y que lo escuchen, busca ayuda y protección. No es el destino inexorable del melancólico.

•  Una inhibición la cual se expresa en términos de cansancio, de hastío, de impotencia para afrontar la vida cotidiana. La astenia existe desde la mañana y no se mejora con el descanso, el cual también lo puede agravar. No hay, sin embargo, ni disminución mímica, ni motora, ni anestesia afectiva.

•  Las conductas suicidas son frecuentes (flebotomía, ingestión de medicamentos); esto es a menudo el motivo de hospitalización. La voluntad de morir es menos determinante que en la melancolía; muchas de esas conductas suicidarías constituyen de hecho un llamado de ayuda, una tentativa de presión sobre el entorno. A menudo el enfermo explica la ingestión de medicamentos por el deseo de querer dormir, de olvidar. Hay, sin embargo, que subestimar la gravedad del riesgo, sobre todo en un sujeto anciano, en un adolescente abandonado o en un sujeto socialmente aislado.

•  La reactividad a las influencias del medio es muy importante . La hospitalización conlleva un receso apreciable de la ansiedad. Es posible reconfortar esos pacientes, los cuales hablan espontáneamente de sus penas, de sus dificultades, buscando la simpatía del prójimo. La escucha y la comprensión del terapeuta ayuda a la reparación de la herida narcisista patógena (abandono, frustración, desvalorización); la actitud del entorno hospitalario o familiar, las circunstancias exteriores pueden jugar un papel importante en la evolución. Las actitudes de rechazo son tan perjudiciales como la solicitud excesiva, propia a perpetuar las conductas de dependencias y de regresiones habituales en esos pacientes.

•  Los trastornos somáticos son constantes :

1) síntomas somáticos de angustia: opresión, espasmos, cefaleas, vértigos, inseguridad en el caminar;

2) trastornos del sueño: algunas veces sueño irregular, no restablecedor, agitado con sueños pesados y pesadillas;

3) trastornos del apetito: anorexia o bulimia;

4) trastornos de la sexualidad: inhibición sobretodo;

5) algunas veces, unos síntomas de conversión, en los sujetos toscos o con personalidad histérica: ataxia, crisis expreso-emotivas.

La Compresión de cada caso particular

De situar la crisis depresiva en su contexto de aparición

Algunas veces la depresión es ligada estrechamente en el tiempo a un trauma afectivo mayor (duelo, abandono, fracaso sentimental o profesional). La reacción depresiva aparece en los siguientes días que siguen al evento traumatizante y aparece en una forma apática e inhibida de un estado de postración o como aspecto de agitación ansiosa y de disforia, con desbordamiento emocional (crisis de lágrimas, algunas veces crisis de rabia y explosiones verbales agresivas). En algunos casos, la depresión parece ligada a un agotamiento emocional y afectivo debido a un aviso de estrés o a una situación duradera de tensión y de conflictos. En el hombre, esas situaciones tienen sobretodo su origen en el medio profesional en donde la competición es alta y a la inseguridad (depresiones de los ejecutivos). En la mujer, se trata más bien de una acumulación de conflictos y de dificultades de orden conyugal, familiar y pecuniario. Muy cerca están las depresiones de desarraigo que se observan en los desarraigados: nostalgia de los exiliados, depresión de los jóvenes conscriptos, de los rurales aislados en las grandes ciudades.

En otros casos la situación es patógena solamente porque reaviva unos conflictos neuróticos antiguos o porque modifica un equilibrio relacional ya precario. Algunos sujetos se deprimen cuando tienen que afrontar unas nuevas responsabilidades (promoción); un cambio del cuadro de vida (mudanza) o la partida de un ser querido (casamiento de un hijo). Aunque, más allá de las discapacidades permanentes, las enfermedades físicas, fuentes de sufrimientos, de frustraciones y de desvalorización, están frecuentemente al origen de reacciones depresivas que retrasan la curación o comprometen la readaptación.

Evaluar la personalidad en su situación

El significado de un acontecimiento o de una situación traumatizante debe ser apreciada, para un sujeto dado, en función de sus afectos y de su historia personal. Aún cuando un hecho preciso parece haber jugado un papel patógeno, es necesario tomar en cuenta las condiciones existentes en el momento del acontecimiento; de los traumas afectivos anteriores; de la actitud habitual del sujeto frente a sus <objetos de amor>; de particularidades de su personalidad, a menudo psicasténico o sensitiva, algunas veces francamente neurótica, histérica o obsesiva. Algunos sujetos parecen particularmente predispuestos a la depresión; narcisos, inmaduros, con una inseguridad fundamental; una falta de confianza en su propio valor; una necesidad extrema de afección y de estima; tienen una necesidad de relaciones de dependencia y de apoyo para mantener su equilibrio. Esta disposición de la personalidad los vuelve particularmente vulnerables a las frustraciones y a los abandonos que sus exigencias afectivas desmedidas y su ambivalencia innata pueden por otro lado provocar (personalidades que provocan el abandono o estados límites).

La Evolución

Ésta es en general de corta duración, algunas semanas en el sujeto joven. Se observa frecuentemente, en la edad adulta y en el sujeto anciano, unas formas prolongadas de la evolución ondulada en donde la distimia de fondo se encuentra reactivada por todo acontecimiento recordando el trauma inicial. Algunas depresiones neuróticas son poco accesibles a las terapéuticas.

Depresiones endógenas y depresiones psicógenas

En los casos típicos todo los oponen: cuadro clínico, factores precipitantes, datos etiológicos, reacciones a los tratamientos; por lo tanto:

La hipótesis dualista que ve en esos dos tipos de depresión, una afectaciones cualitativamente diferentes. De hecho, muchos estados depresivos ocupan una posición intermedia. Hay unas <melancolías reacciónales> con unos factores precipitantes psicológicos o fisiológicos, sobretodo cuando se trata de un primer acceso; cuando los accesos se repiten , tienen tendencia a ser de más en más espontáneos. Las informaciones dadas por la genética indican que la carga hereditaria va decreciendo de la depresión endógena bipolar en la cual es muy fuerte a la depresión endógena unipolar en la cual es menos marcada a la depresión neurótica en la cual es todavía superior a aquella observada en la población en general. El tratamiento estadístico de los datos recogidos en un gran numero de deprimidos no ha aportado unos resultados decisivos.

La hipótesis unitaria, haciendo de la depresión un continuum donde las variaciones serían cuantitativas y no cualitativas, es defendida por algunos autores, pero esta hipótesis explica mal como las formas más severas (melancólicas) sean más accesibles a las terapéuticas (sismoterapia o quimioterapia) que las depresiones neuróticas, clínicamente menos profundas. Es más conforme a los conocimientos actuales de considerar el grupo de las depresiones de la manera siguiente:

•  Existe una enfermedad netamente individualizada, la depresión endógena (forma unipolar o bipolar de la maníaco-depresiva), afección hereditaria con sintomatología relativamente monomorfa, con evolución periódica.

•  La depresión neurótica no constituye una entidad homogénea. Habría un continuum desde la depresión reaccionaria menor y transitoria aparentada a <la tristeza normal> hasta la depresión neurótica severa y rastrera.

•  En el curso de una depresión endógena, un paciente cuya personalidad es neurótica puede utilizar unos mecanismos de defensas contra-depresivos de forma neurótica y presentar unos síntomas histéricos, obsesivos o carácteriales.


IV. Los Trastornos del Humor Sintomáticos

Las Afecciones Orgánicas

Unos trastornos del humor pueden marcar el inicio o complicar el curso evolutivo de las afecciones orgánicas. En un plan semiológico, tres aspectos se observan:

•  un trastorno tímico verdadero, de aspecto melancólico o maníaco; es una eventualidad rara;

•  un estado confuso-depresivo o más raramente confuso-maníaco; se debe evocar de inmediato una patología orgánica subyacente: cerebral, tóxica, metabólica.

•  una modificación disforica del humor: morosidad, desapacibilidad, cansancio agresivo, exasperación, lloriqueo.

1. Las afecciones cerebrales

Un tumor cerebral, una arteriosclerosis, una enfermedad de Parkinson, una demencia senil o presenil, pueden evolucionar bajo un estado depresivo o confuso-depresivo. En los síndromes frontales y la parálisis general, unos estados de aspecto maniaco se observan igualmente. En el transcurso de un trauma craneal, la depresión es verdadera y rara, pero unos elementos depresivos se asocian frecuentemente al síndrome subjetivo post-conmocional. En el epiléptico, los episodios disforicos son frecuentes, lábiles, de patógena compleja. En la esclerosis en placas se observa a menudo unos trastornos tímicos: episodios depresivos o eufóricos paradoxales.

2. Las endocrinopatías

Estados depresivos verdaderos se observan en el curso de la enfermedad de Cushing y de la enfermedad d’Addison. Las otras endocrinopatías se acompañan sobretodo de estados disforicos. Recordar las depresiones de la puerperilidad, los estados subdepresivos señalados con los contraceptivos orales fuertemente dosificados. Recordar también que existe en un gran número de mujeres una <labilidad tímica> en periodo premenstrual o en periodo menopáusico.

3. Las afecciones generales

Un estado depresivo puede introducir una tuberculosis, un cáncer de las vías digestivas, una hemopatía o un colágeno. Puede sobrevenir en la convalecencia de una gripe, de una mononucleosis, etc.

4. Las quimioterapias

Depresiones iatrogénicas señaladas inicialmente con la reserpina fueron observadas con otros antihipertensores. Con los corticoides, como la L. Dopa por ejemplo, unos trastornos tímicos menores son frecuentes y en los sujetos con predisposición puede sobrevenir en el curso del tratamiento unos accesos melancólicos o maníacos.

5. Tratamiento de abstinencia

Un estado disforico de astenia ansiosa y de irritabilidad sobreviene a menudo después de la abstinencia en el alcohólico o en el toxicómano. La caída del <vigor> hasta este momento artificialmente mantenido y la liberación de la angustia frente a los problemas personales escondidos por la intoxicación crónica, explican la frecuencia de esos episodios depresivos en el curso de los cuales el paciente debe ser ayudado en el plano psicológico (psicoterapia de apoyo individual o de grupo) y por una quimioterapia antidepresiva adaptada. Los estados depresivos que sobrevienen en el transcurso de tratamiento para adelgazar son mecanismos parecidos.

Las Psicosis Crónicas: Delirios Crónicos y Esquizofrenias

Temas depresivos (ideas de culpabilidad, de negación) se observan en algunos delirios crónicos . Es a veces difícil distinguir clínicamente un perseguido deprimido de una melancolía perseguida, a pesar que bajo tratamiento la evolución es muy diferente.

Los episodios distímicos son muy frecuentes en el curso de unas evoluciones esquizofrénicas disociativas y pueden inaugurar la enfermedad o marcar el momento evolutivo:

•  Manías atípicas o falta el impulso y la plenitud del trastorno maníaco del humor: felicidad forzada, sentido del humor sarcástico, disputa ambivalente en el ambiente, hiperactividad más mecánica que lúdica;

•  Depresiones atípicas: estado disforico en donde las rumiaciones pesadas de depreciación y de incurabilidad van de par con el sentimiento de transformación catastrófica del pensamiento y de lo vivido; depresión delirante con temas de culpabilidad sexual, de damnación, de negación;

•  En la depresión post-psicótica en la cual se observa, durante un brote esquizofrénico cuando los trastornos agudos (alucinaciones, delirio, trastorno del pensamiento) han regresado, que los sentimientos depresivos tienden a la desvalorización en comparación a una imagen idealizada de si, así como con el vacío afectivo ligado a la falta de inversiones de unos objetos de la realidad.


V. Las Psicosis Esquizo-Afectivas Agudas; Las Psicosis Cicloides

Se observan algunas veces unos estados psicóticos agudos con sintomatología mixta, afectiva y esquizofrénica. En el curso de accesos se encuentran mezclados unos trastornos del humor (depresivos o expansivos) y unos trastornos esquizofreniformes: alucinaciones e ideas delirantes no sintónicos a los trastornos tímicos (ideas de referencia, de influencia, de persecución); alteraciones de la conciencia (perplejidad, desorientación, estado crepuscular); trastornos psicomotores (estupor, agitación, negativismo, esterotipias). La ansiedad es frecuente, ligada a las preocupaciones delirantes o al sentimiento de catástrofe inminente; alterna algunas veces y de manera muy rápida con unos momentos de felicidad estática a menudo contemporáneas de experiencias místicas (iluminaciones, revelaciones).

La situación nosológica de esos episodios agudos, algunas veces únicos en la existencia de un sujeto, está por definirse. Generalmente se le otorga en reconocerle un pronostico favorable. El estudio longitudinal no confirma siempre el relativo optimismo del pronostico; después de uno o varios episodios esquizo-afectivos agudos, la sintomatología se vuelve verdaderamente disociativa. Más a menudo la evolución no confirma el diagnóstico y la sobrevenida ulterior de unos accesos maníacos o depresivos típicos permite volver a situar los episodios iniciales en el cuadro de una psicosis maníaco-depresiva. Existe una tercera eventualidad, puede ser la más frecuente, aquella de una evolución cíclica con conservación de una semiológica atípica, mixta, en el curso de unos accesos ulteriores.

Una psicosis cicloide , entidad independiente de las dos grandes psicosis endógenas es una hipótesis sostenida por Leonhard, luego por Perris, se desarrolla sobre unos argumentos genéticos y evolutivos.

Los Mecanismos Biológicos de las Regulaciones Tímicas

Los estudios bioquímicos sobre los trastornos del humor representan actualmente uno de los dominios más activos de la investigación en psiquiatría. (anexo 9)

Las monoaminas cerebrales

El metabolismo de unas monoaminas juega un papel esencial en la regulaciones tímicas lo cual parece demostrarse por una acumulación de hechos de orden bioquímico, psicofarmacológico, psicopatológico y terapéutico. Sin embargo, es todavía imposible hacer una síntesis satisfactoria de elementos extremadamente numerosos y algunas veces contradictorios. El papel mismo de las aminas cerebrales en la transmisión neuronal está todavía incierto. (anexo 11)

a. Metabolismo

La serotonina. La síntesis tiene como punto de partida un ácido aminado, el triptofano; éste es un hidroxilazo en 5-HTP, el mismo decarboxilado en serotonina (5 HT). La serotonina bajo la influencia de un MAO llega al 5 HIAA, el cual es eliminado.

Mientras que el triptofano tiene varias vías metabólicas posibles, el 5HTP es el precursor exclusivo de la serotonina.

Las catecolaminas. El punto de partida es un ácido aminado aromático, la L-penilalanina. Éste se transforma por 2 hidroxilaciones sucesivas en tirosina y luego en DOPA. Éste es decarboxilado en Dopamina (DA), la cual puede ser hidroxilada en noradrenalina (NA).

b. Localización microscópica

Vías noradrenergicas del cerebro. Las neuronas ascendentes incluyen: 1) un sistema dorsal, el cual nace al nivel del locus coeruleus, atravesando el hipotálamo lateral y el cingulum, distribuyéndose de manera diseminada en el córtex; 2) un sistema ventral nacido de grupos celulares distribuidos en el bulbo y el puente se distribuye muy ampliamente en la región mesencefalodiencefálica. Las neuronas descendentes se distribuyen hacia los cordones medulares anteriores y laterales.

Vías triptaminergicas del cerebro. Los cuerpos celulares ricos en serotonina son esencialmente medianos distribuidos desde el bulbo al mesencéfalo en 9 grupos cuyas fibras se dirigen hacia la médula, el córtex y la amígdala.

c. Localización microscópica; almacenamiento y liberación

Las aminas sintetizadas dentro de la neurona presináptica son, o almacenadas bajo forma inactiva en las vesículas del sinaptosomo (reserva al refugio del catabolismo inmediato), o situadas fuera de las vesículas en la neurona. Durante el paso del influjo, ellas son liberadas en la fuente sináptica y van a los sitios receptores de la neurona postsináptica.

d. Acción de los agentes farmacológicos

Numerosas sustancias psicotropas interfieren con la síntesis, el almacenamiento o la liberación de monoaminas cerebrales. Entre ellas,

La reserpina, neuroléptico que puede inducir en el hombre un estado depresivo, conllevando una depleción de las aminas cerebrales vaciando las vesículas del almacenamiento y acelerando así la destrucción de las aminas por los MAO.

Los antidepresivos I.M.A.O. El MAO siendo la enzima intraneuronal del catabolismo de las monoaminas cerebrales, los IMAO lo cuales inhiben ese catabolismo, incrementan el contenido cerebral en aminas y bajan la tasa de los metabolitos de desanimación. La tasa de aminas libres, extra-celulares, al nivel de la hendidura sináptica se incrementa.

Los antidepresivos tricíclicos disminuyen la permeabilidad de la membrana celular a las aminas, frenando la recaptación de las monoaminas por la neurona presináptica. Los triciclos incrementan la tasa de aquellas al nivel de los sitios receptores.

e. El metabolismo de las monoaminas en los estados maníacos y depresivos

Serotonina

La hipótesis de un déficit en serotonina se apoya en:

1) La baja de la concentración en serotonina y en 5-HIAA en los cerebros de los sujetos fallecidos por suicidio en el curso de una depresión. Las tasas en noradrenalina no difieren de aquellas encontradas sobre los cadáveres.

2) La concentración, en el LCR, de 5-HIAA, metabolito principal de la serotonina cerebral, significativamente más baja en los deprimidos que en los sujetos normales. Una vez la fase depresiva terminada, la concentración en 5-HIAA quedará baja como si se tratara de una anomalía bioquímica permanente. Cuando el traslado del 5-HIAA fuera del LCR es impedido por el Probenecida, el incremento del 5-HIAA en el LCR es menor en los deprimidos que en los normales. El grupo de los deprimidos no es, sin embargo, homogéneo y algunos tienen una tasa normal de 5-HIAA. Se encuentra en los maníacos la misma baja de concentración del 5-HIAA que en los deprimidos.

3) La actividad antidepresiva de precursores de la serotonina atraviesan la barrera hemato-encefálica: tritofano y 5-HTP. Sin embargo, su actividad parece muy inconstante ya sea utilizado solo o en asociación con los IMAO.

Catecolaminas

El metabolismo de las aminas catecólicas parece intensificar a la fase maníaca y reducirse en las fases depresivas. No se puede afirmar con certeza si las perturbaciones metabólicas son principalmente de origen periférica o de origen central, ni cual es la parte que resulta de las modificaciones de la actividad motora dentro de la excreción de los metabolitos urinarios. Sin embargo, la excreción del MHPG, principal metabolito de la noradrenalina cerebral, es diminuido en el curso de episodios depresivos hasta en los deprimidos agitados, las tasas se incrementan con la remisión clínica. En los maníacos, las tasas de MHPG disminuyen con el fin del acceso.

La L-DOPA precursor de las catecolaminas puede, pero solamente en los deprimidos bipolares, convertir el humor depresivo en humor maníaco. En la mayoría de los deprimidos la L-DOPA no tiene efecto, la cual agrava los deprimidos agitados. Los butirofenones y los fenotiazines neurolépticos, los cuales bloquean los receptores catecolamenergicos, tienen una actividad antimaníaca.

La psicopatología de los síndromes maniacos y depresivos está lejos de ser elucidada; muchos argumentos abogan a favor de un balance funcional entre los síntomas serotoninergicos y catecolaminergicos. Algunos hechos apoyan la hipótesis según la cual el déficit de la actividad serotoninergica central permitiría el trastorno tímico siendo de todas maneras insuficiente para producirlo, las perturbaciones de la actividad catecolaminergica central actuando como causa inmediata del desorden del humor y determinando su calidad (actividad catecolamenergica incrementada en la manía y disminuida en la depresión).

Al interior mismo de los síndromes maníacos y depresivos, la fisiopatología no es seguramente equivocada. En el deprimido, la reactividad a los medicamentos (tricíclicos, IMAO, Litio) perece depender de factores genéticos. La depresión con disminución pone probablemente en juego unos mecanismos un poco diferentes de aquellos de la depresión agitada, la cual por algunos aspectos se acerca a la manía.

Las perturbaciones electrolíticas

Existiría una perturbación de la repartición del NA extracelular y intracelular, reflejándose por un incremento importante del NA residual durante el acceso depresivo y por un incremento todavía más marcado en el curso del acceso maníaco. El Litio, además de interferir con el metabolismo de las monoaminas, acarrea una baja de sodio residual y un incremento del sodio intercambiable con un crecimiento de los líquidos extracelulares.

Las perturbaciones hormonales

•  En los deprimidos, la cortisolemia es en promedio más elevada que en los sujetos normales, los episodios secretorios son más numerosos, no hay inhibición nocturna de la secreción. Esas anomalías son, sin embargo, inconstantes y dependen, a lo mejor, más de la ansiedad que de la depresión.

•  Se puede también incriminar una perturbación funcional del control de la secreción de ACTH: hiperactividad de las estructuras hipotalámicas produciendo el CRF (Corticotrophin Releasing Factor) y una reducción de la sensibilidad de los receptores a la elevación de la cortisolemia modificando así la autorregulación.

•  Se ha igualmente señalado en los deprimidos unipolares la secreción anormalmente baja de somato-hormona (HGH), en respuesta a la hipoglucemia inducida por la insulina. Esta respuesta siendo mediatizada por las catecolaminas, la constatación de esta anomalía en algunos deprimidos apoya la hipótesis de una depleción funcional de las catecolaminas hipotalámicas.

•  El T.R.F. (Thyrotropin Releasing Factor) tiene en el animal unas propiedades psicoestimulantes y se comporta en antagonista de los productos que deprimen la actividad cerebral. Ese efecto es independiente de la acción sobre el eje hipofiso-tiroideo y se observa después la hipofisectomia y la tiroidectomía. En los deprimidos, las inyecciones I.V. de T.R.F. tienen un efecto antidepresivo muy inconstante. Después de la inyección de T.R.F., la elevación plasmática de la T.S.H. y la secreción de prolactina son en promedio más bajas en los deprimidos que en los sujetos normales. Esta hiperreactividad hipofisaria no es constatada en todos los deprimidos.

Del conjunto de esas consideraciones sobre los mecanismos biológicos de las regulaciones tímicas, se debe retener que algún número de perturbaciones bioquímicas concerniente en particular al común de las monoaminas cerebrales parecen reencontrarse de manera concordante en diferentes trabajos: si parece en parte posible de entender el porqué (el trastorno biológico) de algunos trastornos del humor; la cuestión del porque (la causa) de esas faltas de regularización queda en discusión, ya que ellas son endógenas.

Perspectivas Psicopatológicas

Ninguna teoría explicativa integra todos los elementos y no contesta a todos los casos. La depresión no se relaciona ciertamente con un mecanismo psicopatológico único y es necesario no separar el estudio de la melancolía de aquella de las depresiones psicógenas.

Desde los trabajos de Abraham y los de Freud, la pérdida de amor es considerada como una situación depresiva fundamental, que el sujeto sea efectivamente privado de amor (duelo, abandono); o que tenga el sentimiento de estar privado de ello (herida narcisista); o que sea impotente de amar (lo que es el caso en la melancolía o en el trastorno instintivo biológico, es probablemente el motivo). Esta pérdida de amor reactiva unas situaciones de abandono más antiguas, en particular aquellas del periodo oral, periodo caracterizado por unos conflictos de ambivalencia; el niño de pecho teniendo medio que sus propias pulsiones aniquilen el objeto que ama (su madre) y de la cual depende totalmente. Los psicoanalistas meten en el corazón de la conciencia melancólica, la agresividad liberada por la pérdida real o imaginaria del objeto del amor; esta agresividad se regresaría en contra del sujeto en una auto-acusación destructiva. Los caracteres mismo de la culpabilidad y la negativa de la realidad atestiguan del nivel primitivo en donde se desarrolla el conflicto inconsciente. En este mismo nivel primitivo se desarrolla el acceso maníaco en donde las necesidades y los deseos <devoradores> precipitan el sujeto dentro de la satisfacción de sus pulsiones como para escapar por la fiesta orgiástica a la angustia depresiva cercana.

En el sujeto que no ha podido fundar su autoestima en la interiorización estable de una buena imagen de otro, la elección de un objeto es narcisista con una relación afectiva ambivalente y precaria de tipo anaclítico cerca del lazo de simbiosis con la madre; es del objeto idealizado que le viene la confirmación de su propio valor y toda pérdida objetal puede precipitarlo en la depresión (pérdida de su autoestima, desvalorización). La <falta de haber avivado la falta de ser>, en un movimiento de identificación agresiva hacia el objeto el sujeto puede regresar en contra de si mismo sus afectos negativos. La observación clínica demuestra, sin embargo, que en ese tipo de depresión la agresividad se queda al menos en parte vuelta hacia el exterior.

Tratamientos de los Trastornos del Humor

Tratamiento de un Acceso Maníaco

En el acceso maniaco verdadero, la hospitalización es necesaria tanto por la buena respuesta del tratamiento como para evitar las consecuencias molestas de los desórdenes del comportamiento. Con un paciente agitado, el traslado es a veces difícil de realizar. Es posible administrar un medicamento para sedar al paciente para permitir su traslado.

•  Se empieza generalmente por una quimioterapia neuroléptica con dosis importantes, (anexo 12). El mejoramiento se manifiesta en algunos días por una sedación de la agitación y una reducción de la expansión delirante; la hipertimia se reduce mucho más lentamente. La posología será lentamente disminuida en función de las modificaciones de la sintomatología, en particular de la restauración del sueño. La cura de mantenimiento será continuada varios meses para evitar una recaída. La convalecencia debe ser atentamente vigilada a causa de las oscilaciones tímicas y de la posibilidad de un viraje hacia la depresión.

•  Las sales de Litio (anexo 8) fueron propuestos en 1949 por Cade como tratamiento del acceso maníaco y su eficacia ha sido largamente probada. La acción del Litio es diferente al de aquellos de los neurolépticos; más lento en manifestarse, apareciendo solamente hacia el octavo día, paralelamente a la instalación de una concentración sanguínea suficiente; se ejerce sobre el humor, entrenando una normalización de la hipertimia y de la expansión en el curso de la segunda semana. Esta acción es insuficiente para los grandes agitados maníacos y las formas muy delirantes.

•  La asociación neurolépticos – Litio es actualmente un tratamiento efectivo. Los neurolépticos conllevan una reducción apreciable de la agitación desde los primeros días durante los cuales la cura de Litio es dosificada progresivamente después de un balance sistemático y bajo vigilia de la litimía. La acción del Litio se manifiesta en el curso de la segunda semana, entonces se puede reducir los neurolépticos, lo que tiene como ventaja suprimir los efectos secundarios de las fuertes dosis y obtener una buena colaboración al tratamiento. Esta acción es también el comienzo de una cura de mantenimiento con el Litio a menudo indicado en el maníaco-depresivo. Esta asociación neurolépticos-Litio ha prácticamente suprimido las terapéuticas de choque utilizadas anteriormente para los accesos maníacos severos.

Tratamiento de un Estado Depresivo

El acceso depresivo es una crisis evolucionando espontáneamente hacia la curación en un lapso de tiempo variable, a veces algunas semanas, generalmente varios meses, algunas veces años. El fin del tratamiento es: de acortar la duración del acceso; 2) de evitar un gesto suicida; se sabe que 40% des los suicidios logrados son imputables a un estado depresivo.

La conducta que hay que tener

•  Se hospitaliza sistemáticamente:

1) todos los pacientes que presentan un estado melancólico verdadero o severo;

2) todos los deprimidos para los cuales existe un riesgo de suicidio;

3) los deprimidos presentando trastornos intensos y persistentes del sueño o una alteración marcada del estado general;

4) los deprimidos ancianos o aquellos cuyo estado físico necesitan una vigilancia estrecha del tratamiento;

5) los deprimidos cuyo acceso persista a pesar de varios pruebas del tratamiento ambulatorio. Es posible tratar sin hospitalización un acceso melancólico menor a condición de meter el paciente en reposo; de descargarlo temporalmente de sus responsabilidades; de seguirlo regularmente para asegurarse de la evolución favorable de la curación. Es preferible hospitalizar, hasta por un acceso de intensidad moderada, a los enfermos aislados o viviendo en condiciones difíciles; los enfermos cuyos familiares son poco comprensibles o intolerantes. Frente a una descompensación depresiva en un paciente neurótico, la hospitalización se puede discutir; no siempre es benéfica por favorecer la regresión; debería ser de corta duración con la puesta en marcha de los medios propicios para ayudar el paciente a retomar su vida en sus manos.

•  Al inicio del tratamiento de un estado melancólico, la actitud del médico debe ser francamente directiva. Puede ser necesario de imponer una interrupción del trabajo, una hospitalización a un paciente abúlico, incapaz de tomar una decisión, juzgándose flojo o incapaz. Si se sabe crear un clima de confianza se obtiene generalmente la adhesión del paciente. Hay, sin embargo, unos melancólicos que rechazan obstinadamente una hospitalización, la cual impediría la realización de sus proyectos suicidas; por lo tanto racionalizan sus síntomas, niegan toda idea de suicidio, a pesar que ellos habían exteriorizado en los días anteriores, hasta esbozado, una tentativa. En esos casos excepcionales se puede estar obligado a tomar como medida preventiva proceder a un internamiento. Nunca se debe contemporizar en caso de riesgo suicida patente en un melancólico.

La elección del tratamiento

Depende de la intensidad global del síndrome depresivo, de la forma de los síntomas, eventualmente de la etiología. Se tiene que tomar en cuenta la edad y el estado somático del paciente, su cooperación, sus condiciones de existencia.

•  La sismoterapia

Fue hasta 1957 el único tratamiento de la melancolía. El tratamiento incluye de 6 a 12 sesiones de electrochoques, practicados bajo narcóticos al ritmo de 3 por semana. Dado los inconvenientes, en particular los trastornos de memoria los cuales persisten varias semanas, la sismo terapia es reservada: 1) a los melancólicos ansiosos y delirantes, en donde existe un riesgo de suicidio inmediato; 2) en las formas estuporosas; 3) en las formas resistentes a la quimioterapia; 4) a las contraindicaciones de la quimioterapia.

2. La quimioterapia, (anexos 6 y 7) .

Se utilizan habitualmente los antidepresores tricíclicos , a condición de respetar las reglas precisas referente a la posología y a la vigilancia, esta quimioterapia constituye una terapéutica manejable cuya eficacia se observa en 60 a 70% de los casos.

Los antidepresores IMAO: tienen una actividad irregular, pero a menudo muy eficiente. Son menos manejables que los triciclos, su empleo exige unas precauciones (numerosas incompatibilidades) y una vigilancia estricta.

En el acceso melancólico verdadero, se da la preferencia a los antidepresivos tricíclicos que se utilizan por vía parenteral con dosis progresivas y adaptadas a cada sujeto, tomando en cuenta su reactividad y los efectos secundarios.

No importa cuales sean el tipo de medicamentos utilizados, se debe insistir sobre:

a) La posología, muchos fracasos vienen de una posología insuficiente;

b) El tiempo de acción, el mejoramiento nunca es inmediato;

c) La vigilancia en el plano somático (efectos secundarios) y sobre el plano psíquico (riesgo de inversión del humor). El riesgo suicida existe hasta la normalización completa del humor y puede ser incrementado al inicio del tratamiento por la suspensión de la inhibición;

d) La necesidad de continuar la curación con dosis reducidas, durante un tiempo suficiente (dos meses mínimo) para evitar una recaída;

e) La posibilidad en caso de fracaso con un antidepresivo tricíclico, fracaso que puede confirmarse después de tres semanas de tratamiento con dosis suficientes, de cambiar a otro antidepresor del mismo grupo o eventualmente con un IMAO. Se puede utilizar también las sales de Litio las cuales, en los maníaco-depresivos bipolares, parecen tener un buen efecto antidepresor.

En las depresiones neuróticas, en donde la prioridad es dada a las medidas psicoterapéuticas, la quimioterapia es en un primer tiempo a menudo necesaria; sus resultados son sin embargo menos regulares y menos completos que en las depresiones endógenas. Para los pacientes hospitalizados y en las formas severas, el tratamiento no difiere de aquella de una depresión endógena. Para los tratamientos ambulatorios, la posología será moderada. Los neuróticos soportando mal los efectos secundarios de los tricíclicos, se utilizará los productos sedativos de preferencia en toma vespertina.

En el curso de las depresiones atípicas en el esquizofrénico, se evitará utilizar antidepresores solos por miedo a una reactividad ansiosa delirante. Ellos serán siempre asociados a unos neurolépticos, las posologías respectivas siendo en función de cada caso. En los estados depresivos sintomáticos de un ataque cerebral, los antidepresores pueden dar buenos resultados, con la condición de ser utilizados con dosis moderadas y progresivas.

3. La psicoterapia

La facilidad de emplear unos antidepresores, no debe olvidar las medidas terapéuticas que comprueban ser siempre necesarias a pesar que la quimioterapia es esencial en la curación de un melancólico.

En la inmensa mayoría de los casos de accesos depresivos menores observados en la práctica medical normal, el médico es capaz de asegurar una psicoterapia de soporte basada en la escucha y la comprensión. En algunos números de casos, una intervención psicoterapéutica menos superficial es necesaria. Los métodos utilizados varían en función del caso individual: psicoterapia de tipo analítica, psicoterapia de grupo, relajación, etc. Una cura analítica tipo es algunas veces indicada. En los casos límites, los cuales representan una fracción importante de los estados depresivos psicógenos, la logística terapéutica debe adaptarse a las particularidades de esos casos, es decir:

<Respecto al narcisismo que queda todavía en ellos (que va a servir de punto de fijación para la restauración progresiva deseada), respecto a los lazos relacionales todavía existentes los cuales les aseguran un mínimo de autonomía, serenidad frente a sus propios sentimientos de pánico (o de su familia), reducción de sus separaciones masivas, aportándoles una posibilidad de elaborar una imagen estable, suficientemente buena, sin soporte de una impresión secundaria de dominio sobre ellos, de dominio ejercido sobre ellos, (de desdén manifestado finalmente a su consideración). Un punto delicado a establecer en sus actitudes toca a la megalomanía de sus deseos ideales que se trata de reducir rápidamente sin herirlos. En efecto, ese tipo de pacientes ponen a menudo por delante unos fines sociales o culturales muy elevados que raros son los contemporáneos de aquellos que podrían llegar tan lejos o tan alto; como no llegan a ser <todo> es entonces en su lógica depresiva que no son <nadie>.

< Si se busca por bondad del alma>< reconciliarlos> con una imagen disminuida de ellos mismos se incrementan sus depresiones, porque ellos piensan automáticamente que confirmamos que no son <nada>. Participamos así involuntariamente a sus mecanismos auto-punitivos serios; la única solución adecuada parece ser de nunca darles a reconocer sus límites inferiores, pero de limitarse a hacerles reconocer a ellos mismos, y poco a poco, sus faltas de realismo de sus posiciones ideales> (Bergeret).

4) La privación de sueño

A partir de la observación de melancólicos mejorados siguiente a circunstancias exteriores las cuales les impidió dormir, Schutte, Pflug y Tölle han propuesto la privación del sueño como tratamiento de enfermos depresivos. Esta técnica consiste en privar el enfermo de sueño durante una noche entera ha dado resultados interesantes, a veces duraderos, a veces pasajeros pero pudiendo ser consolidados por la repetición de las sesiones de privación de sueño. Como el electrochoque y las quimioterapias, los resultados mejores se observan en las depresiones endógenas.

Profilaxis de los Accesos de la Psicosis Maníaco-Depresiva; El Litio

Desde las publicaciones iniciales de Hartigan, de Baastrup y Schou, varios estudios controlados han confirmado la actividad de las sales de Litio sobre el curso evolutivo de la psicosis maníaco depresiva. Este tratamiento recetado para un tiempo largo y a dosis adecuadas ocasiona una disminución significativa de la frecuencia y de la gravedad de los accesos. El resultado es independiente de la edad del enfermo al inicio del tratamiento y de su edad al momento del primer acceso, del sexo, del nombre de episodios anteriores. El tratamiento puede iniciarse en el curso de un acceso maníaco o depresivo, o durante un intervalo libre. El Litio es un antimaníaco potente, su actividad antidepresiva es más reducida. Sin embargo, la acción profiláctica del Litio se ejerce tan bien en las apariciones de las fases depresivas como en las fases maníacas.

En los casos favorables, el Litio conlleva una extinción de los accesos o una reducción de su frecuencia, de su gravedad y de su duración. En algunos pacientes mejorados persiste una oscilaciones tímicas más o menos manifiestas que se puede corregir por una terapéutica de apoyo sin que sea necesaria una hospitalización. Si se suspende el tratamiento del Litio nuevas crisis reaparecen.

El tratamiento por el Litio se dirige sobretodo a los enfermos cuyas crisis son bastante frecuentes para invalidar su existencia. El porcentaje de buenos resultados es más elevado en las formas bipolares que en las formas unipolares depresivas. Las formas a ciclos cortos y muy acercadas (4 ciclos o más por año) son a menudo mal controladas por el Litio. En las psicosis cíclicas atípicas (psicosis cicloides o esquizoafectivas) el Litio influenciará la evolución. Para los maníacos-depresivos cuyas crisis son esparcidas, la indicación del Litio se discute en algunos casos, en función de la gravedad de los accesos y de su tipo, de la duración de los intervalos libres, del deseo del paciente de someterse a un tratamiento y a una vigilancia a largo plazo.

El tratamiento por el Litio a pesar de la vigilancia biológica necesaria es raramente vivido por el maníaco-depresivo como apremiante. Es la ocasión de dar al paciente y a su familia una información objetiva sobre su enfermedad, lo que tiene un efecto tranquilizador y desculpabilizador, contribuyendo a concientizar el entorno del enfermo y a tener una actitud más positiva frente al paciente.


Conclusión

< El humor es aquella disposición afectiva fundamental, rica de todas las instancias emocionales y instintivas, que da a cada uno de nuestros estados de animo una tonalidad agradable o desagradable, oscilando entre los dos polos extremos del placer y del dolor > (J Delay) . En el lenguaje popular se habla de <ánimo> (tener buen o mal ánimo). En un lenguaje más científico, se habla de <timia>, de <función tímica>, de <afectos> (estados psíquicos inmediatos expresando los matices del deseo, del placer, del dolor).

Un humor totalmente neutro (eutimia) supondría una indiferencia total a los aleas existenciales y no se observa excepcionalmente en unas condiciones psicológicas normales; en efecto, las fluctuaciones del humor son eminentemente moduladas por la satisfacción o la insatisfacción de diversas necesidades instintivas (el hambre, la sed, el sueño, la sexualidad); relacionales (vida conyugal, familial, profesional); o culturales (ocio, vacaciones). Las variaciones patológicas del humor pueden hacerse en el sentido negativo (la depresión), positivo (un carácter muy expansivo) o inscribirse en el sentido de una indiferencia.

El humor depresivo significa bajar . Los afectos depresivos expresan todos los matices de la morosidad, de la languidez, de la nostalgia, de las ideas negras, del desaliento, hasta la depresión más autentica y más profunda, estado de tristeza patológico y de dolor moral. Esta disforia se acompaña de un sentimiento de desvalorización de si mismo, de pesimismo, de cansancio y de inhibición. Una ansiedad viva puede agregarse sin que exista una correlación rigorosa entre las dos.

El humor expansivo expresa todos los matices de la satisfacción, del bienestar, de la felicidad, de la euforia hasta los paroxismos de la exultación o del éxtasis. Esos estados de exaltaciones tímicos son de grados muy diversos, yendo desde la hipomanía habitual de algunos sujetos hiperactivos hasta la gran excitación tímica, ideática y motora de la manía aguda. Algunas intoxicaciones (alcohol, éter, anfetaminas) pueden dar lugar a una exaltaciones tímicas pasajeras.

Algunos estados afectivos se caracterizan a la inversa de los precedentes por una frialdad, una neutralidad, una atonía, por el carácter indiferenciado y apartado del humor, el cual parece inaccesible a los estímulos habituales. En los esquizofrénicos, se observan los casos más patentes de embotamiento tímico, de indiferencia aparente, alternando a veces con unos accesos depresivos o eufóricos paradoxales.

Anexo 1. Esquema conceptos básicos de los Trastornos de Ánimo

Anexo 2. Diferencias sugeridas entre pacientes unipolares y bipolares (Según Goodwin y Jamison, 1990)

 

BIPOLAR

UNIPOLAR

Anexo 3. Criterios DSM-IV para el diagnóstico de episodio depresivo mayor

A. Presencia de cinco (o más) de los siguientes síntomas durante un periodo de 2 semanas, que representan un cambio respecto a la actividad previa: uno de los síntomas debe ser (1) estado de ánimo depresivo o (2) pérdida de interés o de la capacidad para experimentar el placer.

Nota: No incluir los síntomas que son claramente debidos a enfermedad médica o las ideas delirantes o alucinaciones no congruentes con el estado de ánimo.

•  Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto (p. ej., se siente triste o vacío) o la observación realizada por otros (p. ej., llanto).

Nota: En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable.

(2) Disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día casi cada día (según refiere el propio sujeto u observan los demás).

•  Pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso (p. ej., un cambio de más de 5% del peso corporal en 1 mes), o pérdida de o aumento del apetito casi cada día.

Nota: En niños hay que valorar el fracaso en lograr los aumentos de peso esperables.

(4) Insomnio o hipersomnia casi cada día.

(5) Agitación o enlentesimiento psicomotores casi cada día (observable por los demás, no meras sensaciones de inquietud o de estar enlentecido).

(6) Fatiga o pérdida de energía casi cada día.

(7) Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados (que pueden ser delirantes) casi cada día (no los simples autoreproches o culpabilidad por el hecho de estar enfermo).

(8) Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día (ya sea una atribución subjetiva o una observación ajena).

(9) Pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse.

B. Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto.

C. Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) o una enfermedad médica (p. ej., en cuadros de hipotiroidismo).

E. Los síntomas no se explican mejor por la presencia de un duelo (p. ej., después de la pérdida de un ser querido), persisten durante más de 2 meses o se caracterizan por una acusada incapacidad funcional, preocupaciones mórbidas de inutilidad, ideación suicida, síntomas psicóticos o enlentecimiento psicomotor.

Anexo 4. Tipos de Trastorno Bipolar:

Bipolar I

Manía y depresión

Anexo 5. Patologías orgánicas que pueden originar sintomatología maníaca

NEUROLÓGICAS

Epilepsia

Enfermedad de Fahr

Enfermedad de Huntington

Infecciones. VIH Neurosífilis

Esclerosis múltiple

Migrañas

Neoplasias

Traumatismos

Enfermedad de Wilson

ENDOCRINAS

Enfermedad de Cushing

Postparto

Relacionadas con la menstruación

Hipotiroidismo / Hipertiroidismo

INFECCIOSAS E INFLAMATORIAS

SIDA

Lupus ES

OTRAS

Uremia

Déficits vitamínicos
Anexo 6. Clasificación de los Fármacos Antidepresivos

HETEROCÍCLICOS

Tricíclicos:

Tricíclicos I: Imipramina, Desipramina, Amitriptilina, Doxepina y Protadieno

Tricíclicos II: Amoxapina

Tricíclicos III: Maprotilina, Lofepramina, Amineptina

Tetracíclicos: Mianserina

Bicíclicos: Zimelidina, Viloxacina

INHIBIDORES DE LAS MONOAMINOOXIDASAS (I.M.A.O.)

Irreversibles

Fenelcine

Tranilcipromina

Iproniacida

Nialamida

Reversibles (R.I.M.A.)

Moclobemida

ATÍPICOS O DE NUEVA GENERACIÓN

Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (I.S.R.S.)

Fluoxetina

Fluvoxamina

Paroxetina

Sertralina

Citalopram

Inhibidores selectivos de la recaptación de noradrenalina (I.S.R.Na.)

Reboxetina

Inhibidores selectivos de la recaptacion de serotonina y noradrenalina (I.S.R.S.Na.)

Venlafaxina

Otros

Nefazodona

Mirtazapina

Anexo 7. Mecanismos de acción de Fármacos Antidepresivos

Mecanismo de acción

Fármaco

Receptor adrenérgico

Receptor muscarínico

Inhibición NA

Inhibición 5-HT

Sel

Dosis

Anexo 8. Indicaciones psiquiátricas del Litio

a. Contrastadas

•  Tratamiento del episodio maníaco

•  Tratamiento del episodio depresivo bipolar

•  Prevención del trastorno bipolar I

•  Prevención del trastorno bipolar II

•  Prevención de la depresión recurrente

•  Coadyuvante en la depresión refractaria

b. No contrastadas

•  Ciclotimia

•  Esquizofrenia

•  Cuadros de agresión por:

•  Psicosis

•  Retraso mental

•  Déficits neurológicos por: epilepsia, traumatismo, síndrome orgánico cerebral, etc.

•  Trastorno límite de la personalidad

•  Alcoholismo

•  Trastornos por déficit de atención y comportamiento

•  Trastornos sexuales

•  Otros

T.O.C.

Juego patológico

Síndrome de tensión premenstrual


Predictores clínicos de respuesta a tratamiento con litio

BUENA RESPUESTA

MALA RESPUESTA

Efectos secundarios del litio

1. Psiquiátricos

a. Cognitivos

Disminución de espontaneidad

Lentitud mental

Disminución de reactividad

Insomnio

Disminución de creatividad

Pérdida de memoria

Disminución de concentración

b. Afectivos

Disforia

Depresión

2. Somáticos

a. Gastorintestinales:

Náuseas, diarrea, anorexia, dispepsia.

b. Renales:

Reducción de la respuesta renal a ADH con poliuria, polidipsia y edema.

c. Neurológicos:

Temblor, sedación, trastornos de coordinación, hipertensión cerebral benigna.

d. Dermatológicos:

Foliculitis, acné, caída de pelo, exacerbación de psoriasis.

e. Endocrinológicos:

Hipotiroidismo, bocio.

f. Metabólicos:

Aumento de peso.

g. Cardíacos:

Alteraciones en el EKG, arritmias.

h. Teratogénicos:

Malformaciones cardíacas (Síndrome de Ebstein).

  Interacciones farmacológicas del litio

a. Insulina y A.D.O.:

El litio puede disminuir la tolerancia a la glucosa.

b. Anticomiciales:

Carbamazepina y fenitoína pueden aumentar la neurotoxicidad del litio a niveles terapéuticos.

c. A.I.N.E.S.:

Aumentan los niveles plasmáticos de litio.

d. Diuréticos:

Las tiazidas aumentan los niveles plasmáticos de litio.

e. Sumatriptan:

Posibilidad de síndrome serotonérgico.

f. Antiácidos:

El bicarbonato sódico aumenta la excreción de litio.

g. Teofilina:

Aumenta la excreción de litio.

h. Calcio antagonistas:

Diltiazem y verapamil aumentan la neurotoxicidad del litio.

i. Terapia colinérgica:

El litio antagoniza el efecto de la neostignina.

j. Relajantes musculares:

Potenciados por litio (T.E.C.).

k. Antibióticos:

El metronidazol aumenta la neurotoxicidad del litio.

l. I.E.C.A.:

Disminuyen el aclaramiento renal del litio.

m. Psicofármacos:

Los tricíclicos pueden potenciar el temblor y la sequedad de boca. Los I.S.R.S. pueden inducir un síndrome serotonérgico.

Anexo 9. Hipótesis de vulnerabilidad con umbral de susceptibilidad

Hipótesis de vulnerabilidad con umbral de susceptibilidad

Anexo 10. Familia con alta prevalencia de trastornos psiquiátricos

Anexo 11. Estudios de ligamiento y de asociación. Algunas regiones cromosómicas implicadas en la transmisión de los trastornos afectivos

Cromosoma

Ligamiento

Asociación

Gen candidato

Anexo 12. Tratamiento de la Manía

Anexo 13. Tratamiento de la Depresión Bipolar

Anexo 14. Profilaxis del Trastorno Bipolar

Anexo 15. Aplicaciones de la Psicoterapia en el Trastorno Bipolar

Bibliografía

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Angst, J.- 1978, The course of affective disorders: Typology of bipolar manic-depressive illness , Arch. Psychiat. Nervenkr.

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Delay, J.- Les dérèglements de l’humeur , P.U.F.

Freud, S . - Métapsychologie , Gallimard.

Gibert Rahola, J.- 2003, Conceptos generales de las trastornos del estado de ánimo , INSM

Guillamat i Thomas, R.- Valles i Callol, V. – 2003, Bases genéticas de los trastornos afectivos , INSM

Hanus, M.- 1996, La pathologie du deuil , Masson.

Nogera Hosta, R.- 2003, Psicopatología de los trastornos del estado de ánimo y psicofamarlogía , INSM

Perris, C.- 1966, A study of bipolar/manic-depressive and unipolar /recurrent depressive psychosis , Acta Psychiatrica Scandinavica.

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Vieta, E.- 1999, Manía en J. Vallejo, Árboles de decisiones en Psiquiatría , Masson.

Winokur,G. – Turvey,C. – Akiskaql,H. et al , 1998, Alcoholism and drug abuse in three groups-Bipolar 1, unipolars and their acquaitances . J. Affect. Disord.

Dr. Jean-Claude Dijon-VasseurPsiquiatra – Psicoanalista – Psicoterapeuta

Mayo 2005

jcmdv@prodigy.net.mx

Copyright © Jean-Claude Dijon-Vasseur.

Todos los derechos reservados para el autor.

  

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Introducción .

I. La Psicosis Maníaco-Depresiva .

La Fase Maníaca

Forma de inicio .

Cuadro sintomatológico .

Evolución .

Formas clínicas . .

Diagnóstico .

La Fase Melancólica

Forma de inicio .

Cuadro sintomatológico .

Evolución .

Formas clínicas .

Diagnóstico .

II. Aspectos clínicos y evolutivos de la Psicosis Maníaco-Depresiva

Formas unipolares y bipolares .

Tratamiento farmacológico y psicoterapéutico del trastorno bipolar . . .

III. Las Depresiones Psicógenas . .

Comprensión de cada caso particular .

La Evolución .

Depresiones Endógenas y Depresiones Psicógenas

IV. Los Trastornos del Humor Sintomáticos

Las Afecciones Orgánicas

Las Psicosis Crónicas: Delirios Crónicos y Esquizofrenias .

V. Las Psicosis Esquizo-Afectivas; Las Psicosis Cicloides .

Las monoaminas cerebrales

Las perturbaciones electrolíticas . .

Las perturbaciones hormonales .

Perspectivas Psicopatológicas .

Tratamiento de los Trastornos del Humor

Tratamiento del acceso maníaco . .

Tratamiento de un estado depresivo; el proceso del diagnóstico; la elección del tratamiento .

Profilaxis de los accesos de la Psicosis Maníaco-Depresiva; el Litio .

Conclusión . .

Anexos . .

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